Tranca con toda mi palomilla

por Carlos Urani Montiel | 9 dic, 2019

“¡Fuenteovejuna lo hizo!” Así versaba el dicho que en tiempos de Lope de Vega aún conservaba vigencia. Casi 140 años habían pasado entre la composición de la comedia más famosa del dramaturgo madrileño y los hechos que la inspiraron: la sublevación de la villa cordobesa, ocurrida en 1476, en la que los campesinos dieron muerte al comendador de la orden de Calatrava, Fernán Gómez de Guzmán. A cuatro siglos de la publicación del texto (1619), Fuenteovejuna conserva intactos, su llamado a la justicia y, lamentablemente, la violencia sexual ejercida sobre las mujeres. El ejercicio y recorrido escénico, dirigido por Sara Pinedo con los colectivos Lxs de Abajo y Alebrije procedentes de Guanajuato, se cuestiona cómo acercarse al exponente clásico de los Siglos de Oro. Cómo llegar a Fuenteovejuna, obra de teatro comunitario, se presentó en el Parque de la Piedra Lisa, en Colima, como parte de la programación del último día de la 40 MNT.

El Colectivo Alebrije, fundado en 2009, se caracteriza por “su enfoque social, la creación colectiva, la intervención de espacios y el desarrollo de procesos comunitarios”, como lo explican ellos mismos. Por su parte, en 2016 y como consecuencia del Proyecto Ruelas del 44 Festival Internacional Cervantino, se formó en la colonia San Juan de Abajo, ubicada en la periferia leonesa, el colectivo Lxs de Abajo conformado por “alrededor de treinta personas entre adultxs, jóvenes, adolescentes y niñxs”. Dentro del repertorio de ambas agrupaciones sobresale Cómo llegar a Fuenteovejuna, estrenada hace dos años, debido a que el laboratorio de creación conjunta herramientas del teatro del oprimido con la esencia del texto de Lope de Vega. Augusto Boal, en su clásica monografía, afirma que “todos los grupos teatrales verdaderamente revolucionarios deben transferir al pueblo los medios de producción del teatro para que el pueblo mismo los utilice. El teatro es un arma y es el pueblo quien la debe manejar” (1975).

Las diversas metodologías con que se trabaja la dramaturgia comunitaria, fuera de espacios formativos convencionales, provoca que la misma definición de esta teatralidad sea flexible ante la sistematización. Por tanto, el interés temático, las fuentes a las que recurre cada obra, el afán de pertenencia de los involucrados, la plástica respecto al espacio emergente en donde ocurre el hecho escénico, la calidad o limpieza del montaje, así como el grado de intervención de los artistas profesionales o académicos son los ejes de una manifestación vital en su lugar de origen y parte fundamental de un teatro nacional diverso e incluyente.

¿Cómo llegar a Fuenteovejuna? Lxs de Abajo tienen clara la respuesta: a partir de un posicionamiento político, evidente por medio de las extrapolaciones espaciotemporales que traen al aquí y al ahora el antiguo conflicto feudal. Además, la postura política también se materializa en la propaganda distribuida como programa de mano al inicio de la función. En el encabezado del panfleto, fechado el 30 de noviembre de 2019, se lee lo siguiente: “Fuenteovejuna «Grandeza de México» tienen segundo lugar en asesinato de mujeres”.

El recorrido escénico consiste en un circuito de siete paradas a lo largo del parque, en las que el público debe entrar al juego que vincula el sobrecogimiento de los habitantes de Fuenteovejuna/San Juan de Abajo, caracterizados con playeras rojas y palas, ante la opresión de las figuras de poder, concentrada en el Comendador/Dirigente del Partido Institucional de los Trabajadores y Obreros (PITO, tanto por sus siglas, como por su forma de gobierno). El poder del antagonista se extiende hacia sus secuaces, los más jóvenes del elenco, niños uniformados, con macanas de plástico y máscaras de puercos/policías. 

La obra, cuya dramaturgia estuvo a cargo de Sara Pinedo y Cristian Aravena, comienza con el llamado a la fiesta. Los asistentes rodean al tradicional baile del torito en el que saltan a la pista una serie de personajes folclóricos que lidian con la bestia. Se invita a acompañar la danza con las palmas, pero al mismo tiempo obsequian una torta de chicharrón. Esta inconsistencia también se encuentra más adelante cuando en las bodas de la pareja protagónica reparten una bebida, pero inmediatamente después, irrumpe la policía y los habitantes toman las armas (pelotas de colores) para atacar a los uniformados. Las manos ocupadas impiden la ayuda, la toma de posición o el resguardo ante los proyectiles.

De forma lúdica, irascible y participativa se conserva la anécdota del drama original para recrear un ambiente en donde la intervención arbitraria de la policía, la violencia de género y los desaparecidos son los catalizadores para que caiga una vez más (y las que sean necesarias) la autoridad que atenta contra sus subordinados. Al final, la piñata del político es desmembrada por encima del júbilo de quienes lo han derrocado. El hartazgo y el descontento suscitan el restablecimiento de un nuevo orden. La celebración de una revuelta se canta, brinca y baila con estrépito por parte de los más de 20 actores y quienes se han sumado a la fiesta.

En los relatos testimoniales que rompen la ficción yace una verdad, la de aquellos que cuentan en primera persona el duro trance experimentado, ya sea ante el intento de violación o los levantones a manos de quienes se encargan de nuestra seguridad. 

¿Vale la pena sacrificar la fluidez de un relato previamente escrito y memorizado frente a la espontaneidad de la confesión a viva voz? ¿El ensayo de un discurso oral, con todas sus técnicas y recursos, le restaría veracidad al testimonio? Quizá fueron los nervios, pero la secuencia de tres largos monólogos por parte de igual número de jóvenes, sorprendidos por la policía durante una pinta, retarda el ritmo de un espectáculo que llevado a la calle precisa de agilidad y de la exposición de emociones a tropel. “Todo ocurre muy tranca”, diría el Furcio. Un mayor trabajo y entrenamiento actoral con el elenco los protegería ante la mirada del público, en el sentido de que poseerían herramientas vocales y corporales para transmitir con eficacia esa verdad tan necesaria en la escena contemporánea.

***

Crédito fotos:

  • José Jorge Carreón