Tres caminos, dos compañías y una sociedad conservadora

por Carlos López Díaz | 4 dic, 2019

Se anuncia la segunda llamada y diez actores y actrices aparecen en escena portando algún objeto en sus manos. Se sientan en unas sillas distribuidas a cada lado del escenario. Al fondo al centro, hay una escalera de tijera de color rojo, al igual que los asientos. El silencio se empieza a hacer presente. Ellos esperan. El público espera. La función está por comenzar. Después de la tercera llamada, los actores y las actrices se acercan con sus piezas al proscenio. Uno a uno, cuenta la historia detrás de una pistola, un tronco, un libro de poemas de Gilberto Owen, unas botas rosas, un silbato prehispánico, un caracol de mar, una muñeca de trapo, un maxtahuatl, una maleta vieja y una máscara de huehue.

De espaldas al volcán es el resultado de un laboratorio teatral de la Compañía Titular de Teatro del Complejo Cultural Universitario de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en colaboración con la Compañía Nacional de Teatro. El espectáculo está dirigido por José Acosta y la dramaturgia está a cargo de Noé Lynn Almada. Cuenta con la participación actoral de Gabriela Núñez, Olaff Herrera, Rocío Gilbón, Erik Josafat, Karla Muñoz de Cote, Izhac Sagan, Joshua Sánchez, Alberto Sangabriel, Baruk Serna y Male Villegas.

La puesta transita por tres caminos dramatúrgicos que se van entrelazado para presentar un collage temático cuyo marco principal es Puebla en la época contemporánea. El primero nos cuenta un melodrama con personajes que parecen sacados de un capítulo de telenovela mexicana: una niña indígena inocente, ingenua y analfabeta; una madre sacrificada que no quiere que su hija la vea llorar al ingresarla a un convento; un monje generoso y comprensivo, y un joven humilde que es seducido por el dinero fácil del crimen organizado y termina violando y vendiendo a la pequeña a una mafia de tráfico de órganos.

El segundo camino que toma este montaje consiste en diferentes momentos en que se abordan temas que le preocupan a la compañía poblana: el odio contra la homosexualidad, la proliferación del narco, la violencia contra la mujer y los abusos de poder. Se van contando de manera superficial y rápida, no hay manera de lograr una empatía con lo que está pasando en escena. Así, por ejemplo, recrean dos historias de amor gay con finales trágicos que no conmueven. Una de ellas sobre un joven poblano y uno italiano quienes deciden hacer público su amor en un festejo de carnaval vestidos de hombre y mujer huehue en una danza tradicional de Puebla y Tlaxcala. La historia termina con la muerte del extranjero cuando se desenmascaran y se besan frente a todos. Más tarde, el sobreviviente es parte del crimen organizado y planea un asesinato con un compañero, quien abandonó sin motivo a su mujer e hija que parecieran ser las indígenas de la primera historia. Terminan siendo historias sueltas y confusas.

Tras una pausa, el segundo acto comienza con una estridente farsa futurista. Es el año 2035 y en Puebla se celebra un bautizo en la iglesia de adoración al “Niño Huachicolero”. El sacerdote es un agente de ventas multinivel que anima a los presentes a integrarse al huachicol con la esperanza de aspirar al nivel oro y ser distribuidor regional. Finalizan el bautizo vertiendo gasolina sobre la cabeza del niño mientras lo bendicen y prometen no dejarlo en desabasto. Esta escena no termina convenciendo, se aleja de todo el universo anterior y no guarda una relación directa con los temas que se están abordando.

El tercer sendero que toma en este montaje de dos horas de duración, consiste en mostrar al público el proceso de creación de la puesta. Se realizan algunos de los ejercicios que se hicieron para llegar al resultado de este trabajo colectivo como aquel en el que se simula una suerte de carrera donde el que avanza un paso es aquel que ha sobresalido con algo en su infancia. Poco a poco adelanta el que no se ha arrepentido de algo en su vida y las confesiones empiezan a subir de tono quedando en evidencia lo gandalla que se puede ser. Resultan momentos autorreferentes, para un público especializado, que no dialogan con temas tan urgentes como frenar la homofobia y el tráfico de órganos. Salvo en algunos breves momentos, como cuando se toca la violencia que se vive dentro del ámbito teatral haciendo referencia a los malos tratos que persisten en algunos espacios de formación.

Así, este collage poblano de temas sociales llevados en la mayoría de los casos a escena de forma cruda y realista, no crea imágenes poéticas y solamente replica sobre el escenario la violencia denunciada. Las actuaciones son uniformes y no se logra una fuerza transgresora como lo busca la recreación de Jesús crucificado que entró con tacones rojos. Este montaje es entendido como un laboratorio continuo que busca dar cuenta de un discurso colectivo como compañía. Es de esperar que aún haya posibilidades de trabajar sobre este material reunido para afinarlo y hablar en el teatro temas que sin lugar a duda hay que visibilizar una y otra vez.

***

Crédito fotos:

  • Raúl Kigra
  • Raúl Kigra
  • José Jorge Carreón
  • José Jorge Carreón