El juego de U

Por Mayté Valencia

Cero

El cuerpo de U no existe: es utópico. Es un cuerpo despojado de toda investidura cultural que va más allá de categorías dicotómicas como lo bueno y lo malo. Sin embargo, cuatro personajes buscarán alcanzarlo y el público será el juez que les ayudará en su intento. ¿Jugamos?

 

Uno

Los actores recrearán seis situaciones límite que plantean dilemas éticos. En cada escena dos intérpretes defenderán una postura opuesta y el público votará para decidir quién de ellos avanza en el tablero. La toma de decisiones no es sencilla. Las preguntas son tramposas. El cuerpo de U confronta tu postura ideológica con aquello de lo que es imposible deshacerse: la cultura, la sociedad, la historia, la religión: lo impuesto. ¿Cómo decidirías si no tuvieras encima toda esa vestimenta? ¿Si habitaras ese cuerpo utópico o pertenecieras a otro orden social?

 

Dos

Un revolucionario tiene en sus manos la vida del máximo torturador de la dictadura uruguaya y debe decidir si dejarlo vivir o matarlo convirtiéndose en un asesino también. Un transexual duda de su proceso de transformación y reclama una identidad indefinida. Una niña crece con perros salvajes y alguien considera su deber separarla de ellos para humanizarla. La posibilidad o no de la intervención del Estado para prohibir el amor carnal y consensuado entre un padre y su hija, y la disyuntiva de un abogado judío entre defender o no la libertad de expresión de aquellos que exterminaron a su pueblo. Estas son las situaciones a las que nos enfrenta la compañía Teatro Bola de Carne en su puesta en escena El Cuerpo de U, con textos de Bernardo Gamboa y Julieta Gamboa.

 

Tres

En una antigua casona de León que antes fue colegio, luego casa habitación y que ahora es un espacio cultural, los actores Bernardo Gamboa, Micaela Gramajo, Meraqui Pradis y Roberto Pichardo invitan al espectador a imaginar este cuerpo. Se trata de una intervención escénica en la que te llevan de un cuarto a otro utilizando entre otros elementos costales blancos y bancas para que el espectador tome asiento y observe las acciones. Vestidos todos con trajes de obreros color palo de rosa y botas,  los actores son el eje de la teatralidad, en su relación con el público y el espacio del que se apropian.

 

Con diseño de Josefina Dellatorre e iluminación de Mario Gártor, cada habitación plantea un dilema distinto, donde el público. —orillado a una toma de decisión dicotómica entre alzar la mano con una U azul o una U roja— pasa de una presencia pasiva a tener una participación trascendente en la construcción de la pieza que, por su premisa, en cada función es distinta. ¿Qué diferencias hay entre presentar el trabajo ante la comunidad teatral y ante un auditorio conservador? ¿Hacerlo en la Ciudad de México o en cualquier otro estado de la República?

 

Cuatro

“Muy bien. Gracias a la estúpida democracia el torturador debe vivir”. El intérprete que haya ganado saca de una bolsa las fichas que cuentan sus pasos en el tablero. Las muestra al público y avanza. “Gana obturar la libre expresión”. ¿Realmente querías decidir eso? Las situaciones no aceptan matices. Las contradicciones brotan en este juego y es lo esperado: somos cuerpos embestidos por cargas culturales.

 

Cinco

Con dirección de Bernardo Gamboa, El cuerpo de U es una propuesta inteligente y fuera de lo común. No sólo resalta por el buen desempeño actoral y la cuidadosa intervención de los espacios que han sido iglesias, fábricas de hielo o incluso teatros como El Galeón en la Ciudad de México, sino también por su capacidad de detonar la reflexión y movilizar al espectador. Objetivos que tanto Micaela como Bernardo han explorado desde que fundaron su compañía en 2012 en la Ciudad de México, caracterizada por la experimentación escénica, el diálogo multidisciplinario y la complejización del pensamiento, que sucede en esta obra y en antecedentes como Bola de carne (2016) que le da nombre al grupo.

 

Seis

El Cuerpo de U es un juego espinoso y afilado. Aunque los espectadores no se conozcan entre sí, al salir existe la necesidad de conversar sobre lo que se vivió y discutir sobre la infinidad de posibilidades y matices entre cada dilema. Imposible salir de la misma forma en la que se entró.