La responsabilidad editorial de Dios

por Katia Rejón | 9 dic, 2019

Es sabido el valor esencial de las historias y los mitos para la educación de los seres humanos. En occidente la narrativa por excelencia ha sido durante milenios la Biblia. Si se pudiera reescribir sería posible cambiar de manera radical actitudes y creencias sobre la mujer, la maternidad, el cuerpo, la culpa, la relación con la ciencia y con la naturaleza. Sería posible darle vuelta a toda una manera de concebir el mundo. La intención de reescribirla no es una inocentada, sino una provocación para dudar de todo lo que creemos cierto y reacomodar nuestro universo de valores. 

Esta ambiciosa apuesta es el argumento de la obra de teatro El evangelio según Santa Rita, de la compañía de cabaret Las Reinas Chulas, la penúltima obra presentada en el marco de la 40 Muestra Nacional de Teatro. Desde sus inicios en 1998, este colectivo integrado por Ana Francis Mor, Cecilia Sotres, Marisol Gasé y Nora Huerta, configura montajes donde la farsa, la sátira y la música son el vehículo de una crítica con humor.

La primera escena que vemos es la narración del Génesis por una voz omnipresente que es interrumpida por Santa Rita, quien cuestiona el origen desde el caos: Si estaban las cosas desordenadas, había que ordenarlas, no ponerse a crear. A lo mejor por eso estamos hechas un desastre, porque el Señor se puso a crear sobre el desorden y pues así no se puede.

 

Santa Rita, frente a un coro de vírgenes llamadas las Once mil, —haciendo referencia a la leyenda de la Edad Media Úrsula y las Once mil vírgenes— propone reescribir la Biblia, actualizarla como una responsabilidad editorial. Hay que decir que personificar a Santa Rita no fue una elección azarosa: se trata de la santa de lo imposible y las causas perdidas. Así que desde el humor y la sátira, llama a Dios fodongo, recomienda a Jesús ir a terapia y hace una versión de la Biblia en la cual las mujeres no tienen la culpa del pecado original, la virginidad no tiene nada que ver con el sexo y la menstruación no es sinónimo de impureza. 

Los chistes sutiles y entretejidos con una crítica al mundo actual son cercanos al público, pues las referencias religiosas las entendemos todos los educados en el catolicismo. Así que no hacen falta palabras para reír al ver a un papa en miniatura, que es a su vez un teléfono que se contesta descabezándolo y suena al ritmo de Amigo de Roberto Carlos. 

María, Pepe, Chucho, el Espíritu Santo y el mismo Dios son personajes mucho más humanos y dignos de acciones dramáticas de suspenso y humor. Los personajes importantes de la Biblia están sin estarlo, solo a través de llamadas telefónicas. 

El escenario es simple: un piano, un coro y el teléfono. Al fondo, una pantalla donde los videos sirven de extensión al discurso de Santa Rita. El vestuario, a cargo de Oscar Olivier, simula al de las vírgenes iluminadas, pero con atuendos vistosos, coloridos y en tenis. Las buenas voces de las Once mil, a cargo del ensamble vocal Las Billies, le dan al espectáculo una calidad que termina de ser redonda en argumento, interpretación y factura. 

Al final de la obra, cuando Santa Rita hace un pequeño monólogo al poner al Señor en altavoz y al pasar al frente todas las vírgenes, se repite un recurso que se vio en varias obras de esta MNT: la sobrexplicación de la temática que se ha planteado a lo largo de la obra. Está de más decir la postura política de la compañía, cuando ha quedado muy clara durante la puesta en escena, donde se ha trabajado con ingenio y ludicidad.

El evangelio según Santa Rita es una propuesta necesaria para cuestionar una educación saturada de estereotipos y prejuicios. Aprovecha con ingenio los aspectos contradictorios de la Biblia para hablar desde el humor y la crítica social. Las Reinas Chulas son un referente del teatro mexicano. Se agradece que hablen de temas relevantes desde la sátira.

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Crédito fotos:

  • José Jorge Carreón