Oraciones para una virgen made in china  

Por Juan Carlos Araujo

La virgen de Siqui, santa patrona del país Siquitibum, ataviada en un peculiar conjunto que combina unas chaparreras negras con un traje completo de piel sintética amarilla que le cubre todo su cuerpo y cara, comienza a comer una sandía. Primero sin prisas, deleitándose en el sabor de la fruta, luego con mayor urgencia entregándose a los placeres de cada mordida, hasta terminar devorándola con lujuria en una bacanal personal. Este inicio de la obra Fancy Lupe del escritor y director Pepe Romero marca una pauta sobre el montaje al que se va a enfrentar el público a lo largo de toda la obra.

Intencionalmente oscura en sus intenciones, irreverente en el manejo de lo sacro y provocadora por su erotismo y estética queer, Fancy Lupe es la más reciente performance del joven creador originario de Durango radicado en Ciudad de México. Cargado de intensas imágenes que van desde tres actores en ropa interior negra y orejas de conejo saltando por el escenario o una desgastante clase de aeróbics, hasta la recreación de la escultura La Piedad de Miguel Ángel con una fuerte carga homoerótica.

Es un acto de traición y rebeldía del director contra sus padres, contra Dios y contra su patria al poner en evidencia —de manera velada y obvia al mismo tiempo— el tipo de experiencias que vivió en su juventud como miembro activo de una poderosa organización de ultra derecha que sigue activa.

Tres de los cuatro performers que participan en la puesta, bailan al estilo Vogue mientras repiten una y otra vez durante más de cinco minutos un largo juramento sagrado a la organización secreta a la que ahora pertenecen. “El público no debe entender nada” es una frase que aparece múltiples veces durante el montaje. Esto puede llevar a pensar que Romero se está burlando de los presentes o está poniendo al límite su paciencia con escenas excesivamente largas, sin embargo logra una denuncia contra ese país imaginario capaz de permitir todas las vejaciones y humillaciones, siempre y cuando se respete a la Virgen del Siqui.

También es un acto de protección para que los límites de la ficción no se rebasen y desemboquen en una realidad como a la que hacen una especial mención. Se trata del hecho que sucedió el 28 de Julio de 1981. Ese día, al interior del Teatro Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM, los miembros de la compañía Infantería Teatral Veracruzana fueron brutalmente atacados por un grupo de choque durante una representación de la obra Cúcara y Macara de Oscar Liera. La razón fue que el dramaturgo satiriza tanto a la iglesia católica como el fervor por la virgen del Tepeyac.

Entre pedazos de carne que son lanzados con unas raquetas para impactar contra el cuerpo de un actor, Romero deja en claro que Fancy Lupe es un acto artístico egoísta. Él dice y hace lo que quiera para lidiar con sus propios demonios, exorcizar los golpes tanto físicos como emocionales vividos en su juventud. Los asistentes han sido invitados a ser partícipes de ello, por ejemplo, uniéndose al pánico que sienten los actores ante la posibilidad de que en cualquier momento un grupo armado pueda irrumpir la función por considerarla ofensiva como sucedió hace ya más de 35 años.

Es importante mencionar que la obra Fancy Lupe que llega a la Muestra Nacional de Teatro no es exactamente la misma que fue seleccionada. Esto se debe a que Alan Balthazar, encargado de darle vida a la virgen del Siqui, falleció un mes antes de que comenzara este encuentro teatral. Dado que la construcción del personaje estaba tan íntimamente ligada al actor, Pepe Romero decide en homenaje a su memoria no sustituirlo. Apostó por crear una nueva interpretación de la virgen como un ente sin cara. El resultado de esta nueva propuesta, interpretada ahora por Alberto Perera, es una deidad que se pasea por el escenario tambaleándose en sus tacones y que baila marcando solamente los pasos, en un todo carente de intención dramática.

Ya sea limpiando con gran sensualidad el piso sucio del escenario, rezando un deformado Ora pro nobis o manipulando unas lechugas con violencia o deseo, Mariano Ruiz, Emilio Bastré y Ángel Zapata se entregan física y emocionalmente durante todo el montaje. Resulta fascinante ver a Ruiz coqueteando cínicamente con el público mientras deja caer agua sobre su cuerpo semi-desnudo, a Bastré derramando jugo de sandía desde sus ingles o a Zapata reaccionando con ojos desorbitados al ser agredido por una inmensa nube de humo blanco.

“Entre más nos golpean, más se asientan nuestras bases.” El país de Siquitibum ha sido diezmado por años a causa de la corrupción, la ambición desmedida y una violencia que pareciera nunca terminar. No hay cambio. La gente que aquí habita nunca se levantará en protesta y jamás se exigirá de sus gobernantes un exhaustivo rendimiento de cuentas. En vez de eso, hay que rezar a figuritas de cerámica hechas en china para que las cosas mejoren, para que la maldad del mundo desaparezca —homosexuales incluidos, por supuesto— y para que aquellos que insultan a la fe con sus obras de teatro sean duramente castigados. En medio de un montaje irreverente, violento y provocador que pareciera haber sido diseñado para no entenderse, Fancy Lupe es muy claro en su denuncia de cómo se ha vendido la fe y la patria, en cómo el pueblo puede ser manipulado con toda libertad.