Goles e identidad de género

por Ricardo E. Tatto | 6 nov, 2018

¡Pam, pam, pom…! ¡Pam, pam, pom…! Reverberan los tambores de la batucada, pero no estamos en el estadio del Morelia, sino en el Teatro Sergio Magaña, en la ciudad de México. De pronto, reina el silencio. Un penal está a punto de cobrarse en un imaginario partido de México contra España, Chicharito viene muy seguro a ejecutar el tiro, se detiene justo antes de pegarle a la pelota, alza la mirada y dice:

—Pero soy mujer.

Así inicia Respira y chuta (Mi vida en fuera de lugar), dirigida por Everth García Islas sobre el texto original de Verónica Villicaña, quien también protagoniza la obra en el papel de la Chicharita. La puesta en escena cuenta las vicisitudes que atraviesa esta adolescente que lo único que quiere hacer es jugar al futbol, algo no tan sencillo en un país donde el deporte nacional por antonomasia es casi indisoluble del machismo y la violencia de género.

Sus recursos escenográficos son mínimos y funcionales, ya que sólo consisten en unas gradas, una estructura metálica de fondo y una alfombra de pasto sintético, lo cual nos sitúa en una de tantas canchas llaneras del país. Por encima, una pantalla sirve para proyectar videos que muestran la imaginación de las protagonistas en el estadio de Michoacán, de donde es la compañía La luciérnaga teatro. Mediante la batucada y una canción con coros y guitarra, tenemos interludios musicales que emocionan y alivian al espectador.

“El futbol no es cosa de niñas”, “Te vas a volver machorra”, le dice su padre a Chicharita, para convencerla de dejar el deporte de las patadas para meterse a una actividad más propia de su sexo, como el ballet. Pero ella es la capitana del equipo, es buena jugadora y ama lo que hace. Además, la acompañan sus amigas Messi y Beckham, que también son estudiantes de la secundaria técnica donde el equipo Las campamochas pretende ganar el campeonato de futbol femenil bajo la dirección de la entrenadora Campos.

Lo anterior sirve como excusa para contarnos una historia alegre y entrañable, que aborda diversos temas afines a esa etapa formativa tan complicada como lo es la pubertad. Y los temas, aunque manidos, están ahí bajo una aproximación divertida, novedosa: la inseguridad, las relaciones y presiones familiares, la anorexia, el maltrato y el acoso escolar. La identidad de género y sus roles sociales se abordan sin caer en honduras sociológicas, con un lenguaje coloquial y accesible. Las actitudes típicamente masculinas dentro del mundo deportivo se satirizan y dan pie a un efectivo humor.

La batucada emula al coro griego clásico; el contraste entre las jugadoras de soccer y las bailarinas de ballet sirve para mostrarnos que ambas disciplinas no son tan disímiles, porque el acoso existe en todas partes. Chicharita no es buena bailando, no es tan femenina según los cánones de la Madame, su profesora, que con frases como “Cuiden, honren y respeten sus cuerpos” va prefigurando el imaginario cultural asociado con el estereotipo de la feminidad. Es entonces cuando el personaje rompe la cuarta pared para dirigirse al público: “Hasta una niña de 4 años podría hacerlo mejor”. Los tutús y las zapatillas no son para ella, por lo que desafía las órdenes de su padre para regresar al equipo justo a tiempo para la gran final del campeonato de intersecundarias.

La dramaturgia por momentos está fuera de juego. El texto tiene algunos lugares comunes y clichés temáticos que acercan a la obra peligrosamente al melodrama televisivo. No obstante, aunque roza los lindes de lo cursi, sale airoso del reto gracias a que no tiene un afán aleccionador o moralizante. Es efectivo en conjunción con la labor física desplegada por las actrices, aunque de manera individual tienen tonos desiguales. Messi (Sofía Herrera) y la Chicharita (Villicaña) despliegan un buen ritmo tanto para la comedia como para el drama. La interpretación de Campos (Daniella Saucedo) es plana, un tanto apocada; en contraste, Beckham (Tayde Peraza) brilla sobre las tablas: tiene presencia escénica, dominio del balón, de la tambora, de la guitarra y de la construcción del personaje.

El trabajo del ensamble actoral es similar al de una escuadra bien entrenada, el equipo luce aceitado como el engranaje de la naranja mecánica holandesa —se nota que han dado decenas funciones—. El desenlace deja un aire esperanzador, una experiencia teatral que funciona y conecta con el público al que está enfocado, que es el de los niños y los adolescentes. No por nada fue seleccionada por el Programa Nacional de Teatro 2016 y se anotó un gol en la 39 Muestra Nacional de Teatro.

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Créditos de foto:
1. Raúl Kigra
2. Raúl Kigra
3. Sebastian Kunold
4. Sebastian Kunold

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