La Bestia: en papel se ve mejor que en escena

por Juan Carlos Araujo | 3 dic, 2019

La Bestia avanza a su destino. Dos niños, Alfonso Quiroz y Chavita, junto con otros migrantes, deben correr para alcanzarla y así poder llegar a la frontera norte de México. Para representar esta historia se recrea en el escenario una monumental vía de tren en la parte central al fondo, a la que ambos personajes se dirigen mientras el humo artificial invade el lugar. Una vez que han subido al peldaño inferior de esta estructura, Chavita cuestiona a su compañero de viaje por una mujer que vio correr para abordar a La Bestia como ellos y caer en su intento. Alfonso, con ayuda de su imaginación, transforma en magia el infierno en el que se encuentran: le dice que esa señora es una nahuala con poderes que le permitieron convertirse en golondrina antes de perder el equilibrio. 

En su obra Golondrinas, la escritora Gabriela Román explora el duro tránsito de la migración sobre el tren conocido como La Bestia, junto con las problemáticas de drogas, trata de blancas y abuso de autoridad que lo acompañan. Con ecos de la película de Roberto Benigni La vida es bella, en la que un padre crea un mundo mágico de juegos para su hijo en medio del holocausto, así como con referencias al mito de Ulises y al Quijote de la Mancha, la dramaturgia presenta a su narrador Alfonso —no Quijano como en la obra de Miguel de Cervantes, sino Quiroz—, invadido por del deseo de renovar lo heroico. Quiroz se compromete en la protección y cuidado de Chavita y Lupe, dos niños menores que él, a quienes conoce en su camino a Estados Unidos. La manera en que lo hace es resignificando los momentos duros del viaje en encuentros oníricos. Llamativa en este contexto resulta la crudeza del inicio, donde Alfonso transforma a un coyote que ha incumplido su palabra, en un temible lobo de cuento. 

En el papel, la propuesta de la autora es potente, capaz de darle una nueva lectura a tan grave problemática, aunque llega a desoladoras conclusiones. La puesta en escena representante del estado de Veracruz está a cargo de La Butaca Roja Colectivo Teatral, bajo la dirección de José Uriel García Solís, único director invitado a participar con dos montajes en este encuentro del teatro nacional. La escenografía de Mario Marín del Río es atractiva visualmente aunque poco funcional ya que el espacio entre los entrepaños que representan las vías del tren es demasiado grande, lo que entorpece el movimiento de los actores y aletarga el ritmo general de la obra. La iluminación de Aurelio Palomino es oscura, lo que acentúa lo lúgubre del discurso. Tayde Pedraza, en la musicalización, con jarana y guitarra acentúa algunas escenas, por ejemplo cuando Lupe, prostituida por un tratante de personas, es transformada en el relato de Alfonso a sus protegidos en una muñequita de porcelana por obra de una bruja. Esta escena tan contundente en las palabras de Román no se resuelve en el montaje con la misma fuerza: falla el intento de traducir el mundo real al onírico. Es excesiva la recurrencia de elementos como el humo y las lámparas de mano, y poco sugerente el vestuario de Diana Anaid Vásquez y José María González, muy enraizado en lo convencional, con mínimos guiños a las ilusiones propuestas por el héroe Quiroz. Entre los aciertos es destacable la resolución de crear un monstruo de gran tamaño en representación de la policía fronteriza, con el sencillo elemento de dos lámparas en lo alto de las vías a manera de ojos. 

El elenco conformado por Edgar Ponce, Diana Anaid Vásquez, Iris Ladrón de Guevara, Víctor Robles y Tayde Pedraza cae en general en clichés actorales, al querer imitar los gestos y habla infantiles, los de un adicto a la mona o un policía corrupto. Se trata de soluciones fáciles, efectistas y contraproducentes. Resultan desafortunados los intentos de humor, como se pudo comprobar cuando un chiste de flatulencia apenas provocó unas risillas entre las butacas. El mundo de Don Quijote de la Mancha y de Ulises, uno de magia y fantasía donde las vicisitudes son posibles de superar si hay valentía, se hace presente en Golondrinas gracias a las palabras. En la puesta en escena lo que predominó fue un mundo doloroso, sin piedad, sin esperanza y desolador. En la selección de obras de la 40 Muestra Nacional de Teatro las numerosas propuestas para jóvenes y niños alcanzan una desbalanceada mayoría. En México hoy, pareciera una necesidad enfrentar a las audiencias de corta edad a un mundo doloroso, cruel y sin esperanza.

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Crédito fotos:

  • José Jorge Carreón