El hábito de la ciencia

por Carlos Urani Montiel | 28 nov, 2019

En proscenio y con telón cerrado, se ejecutan en vivo son jarocho y zapateado. La musicalización de Juana Inés: paráfrasis de sí misma, imprime su sello en la manufactura de esta producción multimedia, procedente de Jalisco, que recontextualiza la imagen y letras del Fénix novohispano. La obra escrita por Fernando Sakanassi y Ricardo Ruiz Lezama cerró el quinto día de actividades de la Muestra Nacional en Colima, en el Teatro Hidalgo.

La puesta en escena, también dirigida por Sakanassi al frente de dos agrupaciones, Teatro Estudio y Teatro Nómada, se divide en dos actos. Entre ambos segmentos se proyecta un video que adolece de un error técnico al estar desfasado en la correspondencia entre la imagen y el sonido. La grabación contiene la letra y audio de la redondilla más famosa de la jerónima: Hombres necios que acusáis…, pronunciada de un modo que rompe con la enunciación del verso en escena propuesta en un principio. Además se proyectan entrevistas a varias personas, en distintas ciudades, sobre el significado de palabras según su género: perro/a, zorro/a, aventurero/a, etc. Las respuestas, obvias y predecibles, son ajenas al comentario o glosa acerca de la figura protagónica, elemento multimedia que fractura el montaje. Lo que en el primer acto había sido una actualización de las letras novohispanas, en el segundo se convierte en un pretexto para exhibir teatralidades de moda, con consignas y proclamas que sirven de apéndice a lenguajes rituales y performáticos que, relegan, dan la espalda, a Sor Juana.

El escenario se compone de tablones, siete en total, que forman una caja negra con dos entradas en la pared de fondo; detrás de ellas hay un corredor cubierto por una tela blanca que, además de generar profundidad, permite la intensificación de distintas luces durante el montaje, así como la transparencia de una fuerte y escalofriante escena de feminicidio. Al centro de la composición, diseñada por Tenzing Ortega, una larga mesa –polivalente y multifuncional debido a sus pequeñas tablas desmontables– sostiene a Juana Inés, interpretada por Karla Constantini, durante el cuadro inicial, quien, coronada con flores y con un oscuro vestido barroco, canta y baila La bruja. Detrás de su figura el resto del elenco (María Balam, José Jaime Argote y Darío Rocas) interpreta con jaranas la música que escucharemos en distintos momentos.

Debajo de la falda de la actriz, en la enagua, se distinguen letras manuscritas que perfilan uno de los núcleos temáticos del montaje, sobre todo del primer acto, el de mayor consistencia entre fondo y forma: la escritura de los textos clásicos, entendida como un acto intelectivo in situ, no solo a manos de la Décima Musa quien logra materializar sus ideas, plasmadas en los tablones laterales, en el cuerpo de los personajes más entrañables de Los empeños de una casa, sino como un ejercicio continuo de creación que apela al presente, en este caso de manera oportuna, y que nos lleva a cuestionar la condición femenina y su contraste entre los tiempos de Sor Juana y el ahora.

También del primer acto sobresale la escena del baño en la que una Juana Inés joven (María Balam) entra a la ducha acechada por prejuicios y miradas encubiertas. El desnudo y la caída de agua se conjugan para revelar un significado en la producción epistolar de Sor Juana. La paráfrasis a partir de la Autodefensa espiritual (1682) y la Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691) sobrecoge debido a lo actual que resulta el reclamo de libertad, que no obstante los logros feministas, aún no está garantizada para las mujeres en amplios segmentos de la sociedad.

La vida y la obra de la monja novohispana, siempre será una veta fértil para la perspectiva de género, siempre y cuando la lectura de ese material lleve intenciones claras y se exprese mediante lenguajes artísticos que simplifiquen o allanen el camino hacia la gran pensadora y no que la utilicen forzando denuncias y contenidos que la trascienden. Juana Inés: paráfrasis de sí misma congrega un cúmulo excesivo de simbolismos y teatralidades que lejos de acercarnos a la comprensión de la obra de Sor Juana, ya de suyo densa, la encriptan, al grado de que los asideros iconográficos caen en el folklor, tan del gusto de públicos extranjeros. 

El montaje logra cuadros plásticos potentes, como aquel en que Juana Inés, a la izquierda del escenario y de pie sobre una hoguera, sostiene un libro de color carmín, mientras que al otro extremo tres figuras enmascaradas la acosan y violentan, tal y como lo hizo el obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz. Al final la mujer sale avante debido a su voluntad de expresarse –que se entienda que callar no es no saber qué decir, sino no caber en lo mucho que hay que decir–, a la complicidad que solicita –es tiempo de aliarnos, una y mil veces más– y al apego y consuelo que encuentra todo ser en el hábito de las artes y ciencias.

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Crédito fotos:

  • José Jorge Carreón
  • José Jorge Carreón
  • Raúl Kigra
  • Raúl Kigra