Anecdótico e intrascendente divertimento

por Ricardo E. Tatto | 11 dic, 2019

Con la provocadora advertencia de la dramaturga y actriz Conchi León desde el escenario “¿Ya les dijeron que van a ver teatro regional? Solo para eso alcanzó el presupuesto”, inicia La tía Mariela, dirigida por Francisco Franco, a partir del texto original de la propia León. La puesta en escena, si bien representa al estado de Aguascalientes, es de cabo a rabo una obra yucateca. Y aunque la mayor parte de su elenco no es de origen peninsular, la farsa consiste en que León asevera ante el público que las actrices son cien por ciento yucatecas. 

También se subraya que todo el reparto está compuesto exclusivamente por mujeres. Alejandra Ley, Monserrat Marañón y Conchi León son las protagonistas acompañadas por un ensamble musical integrado por Ana María Espinoza, Ix-chel Muñoz y Margiu Meredith, encargadas de hacer sonar la guitarra, el violín, el acordeón y el armonio, ya que gran parte de la obra es musicalizada en vivo.

El argumento nos cuenta la historia de la tía Mariela, quien acaba de fallecer en Aguascalientes. Su mayor miedo era que nadie fuera a tirarle un puño de tierra a su sepulcro, puesto que su único hijo falleció antes de alcanzar la mayoría de edad y su familia vive en Yucatán. Su repentina muerte pone en marcha las acciones: será labor de Jesusa (Marañón) dar la noticia a sus otras primas, motivo por el cual invita a Inmaculada (León) y Sagrado (Ley) a su casa, sin revelar del todo la razón de haberlas convocado.

Durante la reunión se irán descubriendo los variados mitos que componen el pasado de una “familia jodida que no sabe ocultar sus secretos. Pasen, pasen a ver a la tía chismosa, a la tía preguntona, a la tía putona, a la tía dejada, a la sobrina embarazada”. El entramado se ve enriquecido por elementos propios de la idiosincrasia yucateca, pero pronto cae en lugares comunes que intentan provocar la risa a partir del exotismo lingüístico y del acento impostado de las protagonistas.

Se trata de un pastiche entre teatro regional, teatro de revista, cabaret, comedia y melodrama televisivo, sin más aspiraciones que hacer reír, lo que no siempre logra. Asimismo, es un divertimento musical, ya que a lo largo de las diversas anécdotas podemos escuchar canciones populares y propias de la tradición yucateca, como Caminante del Mayab, Dile a tus ojos, El pájaro azul y Adoro, entre otras piezas que se antojan nostálgicas y, a ratos, somníferas, lo que provoca el mejor gag de la noche cuando Sagrado está cantando e Inmaculada la interrumpe a gritos: “¿La vas a cantar toda?”

A pesar de la brevedad del montaje (75 min), desde el principio se percibe una falta de ritmo en las acciones. La forma en que se rememora tal o cual leyenda familiar, para luego pasar a un interludio musical salpicado con danzas folclóricas, es tan reiterativa que se vuelve cansada. Tantas transiciones restan fluidez al trazo escénico, lo que aunado al dispositivo escenográfico que se va desplegando como una matrioska rusa, desemboca en un barroquismo de elementos que a nivel formal podrían impresionar, pero que en el fondo es puro oropel y artificio que encubren un texto flojo, condescendiente para con el espectador y lejano a la cota de calidad alcanzada por la dramaturga en otras obras de su repertorio.

El espectáculo solo se salva gracias a las individualidades del reparto: carisma y destreza vocal de Alejandra Ley e hilarantes intervenciones de Montserrat Marañón que arrancaron carcajadas del público. Conchi León ve disminuida su presencia en el escenario, a pesar de tener no pocos diálogos ácidos e ingeniosos de su personaje, que en este caso funge como soporte del resto del talento desplegado sobre las tablas. 

Al final, aunque nos hemos reído y entretenido un poco, uno se pregunta el valor de una obra como esta, anecdótica e intrascendente, que da cuenta en su fastuosa producción del dispendio de recursos. Se trata evidentemente de un trabajo por encargo: se estrenó en Guanajuato durante el Cervantino 2018. El maravilloso vestuario (Estela Fogoaga), el diseño de escenografía (Adrián Martínez Fraustro) e iluminación (Xóchitl González), aunque bien logrados, resultan frívolos si situamos La tía Mariela en el contexto de los ejes comunitarios y temas sociales que caracterizaron a la 40 Muestra Nacional de Teatro, cuya función de clausura fue realizada en el Teatro Hidalgo de Colima el pasado 30 de noviembre de 2019.

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Crédito fotos:

  • José Jorge Carreón