Las hijas feministas de Aztlán

por Karla Gómez | 9 dic, 2019

En el vestíbulo el público es recibido con un típico ponche colimense. Entrando a la sala, los integrantes de la Compañía de Teatro Penitenciario de la Ciudad de México, vestidos con overol azul, dan la bienvenida y cuentan que el montaje Las hijas del Aztlán es de César Enríquez y que fue codirigido por Luis Montalvo. Aparece estruendosa una corpulenta Clio Tilde, vestida con falda y blusa floreada y largas trenzas sujetadas con listones de colores. La que dice ser la musa de la historia, comienza a hablar con voz aguardentosa de Aztlán, una tierra gobernada por patriarcas en donde las mujeres han quedado en segundo plano en la historia. 

Interpretada por Javier Cruz, Clio Tilde cuenta que está en contra del Frente Activo de Machos liderado por Próculo (Antonio Hernández), que fue asesinado en 1915 por ahogamiento. En el Aztlán, éste realiza un mitin para derrocar la lucha feminista y el movimiento LGBT que hay en la Tierra. El líder pide ser considerado héroe nacional y que se le haga una estatua. Para evitar esto, Clio Tilde busca como aliado a Pápalo Quelite (Ismael Corona), un indígena que murió después de anotar un gol en el juego de pelota. Es un hombre sensible, consciente de las violencias de género, que reconoce los derechos de las mujeres y desaprueba las conductas machistas. Corona interpreta un personaje bien trazado, lleno de gracia y versatilidad actoral. Primero es un guerrero y más tarde la que se llamará Giovanita Cristal, una mujer que busca distraer al líder machista para que no provoque un retroceso de todos los avances alcanzados en materia de derecho de las mujeres. 

La escenografía de esta obra de cabaret solo cuenta con cuatro telares que cuelgan al fondo del escenario que más tarde son complementados por un conjunto de colgajos de rebozos. Con eso se construye el imaginario de un pasadizo y la casa de las tres brujas: la Enmolada (Luis Montalvo), la Enchilada (Antonio Hernández) y la Tostada (Javier Cruz). Son las encargadas de decidir el destino de la gente a través de los hilos de la vida. A este lugar llegaron el macho y el guerrero con la esperanza de que se les pueda volver a la vida. 

Hernández, que ya lleva 11 años en la Compañía de Teatro Penitenciario, logra crear una resuelta Enchilada de carácter que impone con la voz y actitud. Según ella, al hombre hay que espantarlo para que no le falte al respeto. Mientras que Montalvo presenta a una Enmolada sufrible, alcohólica y necesitada de amor que con su caracterización causa risa entre el público. Por su parte, Cruz construye su personaje de la Tostada, una mujer en estado vegetal que es cuidada por las dos brujas, solo con gesticulaciones faciales.

En ésta, la octava obra que presenta la Compañía de Teatro Penitenciario, destaca la sonorización a cargo de Vanesa Lemus. A través de objetos cotidianos como jícaras, láminas y un xilófono pequeño, acompaña las situaciones y los diálogos satíricos llenos de albur y de coplas. El tejido de chistes en apariencia ligeros y superficiales, llevan un claro subtexto de crítica social, política y, sobre todo, de género. Clio Tilde exhibe la violencia que puede haber en los piropos y en la impunidad cotidiana en la que suceden el abuso sexual, la pedofilia, los feminicidios y la violencia física y psicológica en las familias. 

Las hijas del Aztlán hace un comparativo del México prehispánico con el actual. Ridiculiza situaciones, exagera actitudes, vuelve cómicas las desgracias, pero al final, entre carcajadas, presenta las heridas que ha producido el machismo. Exclamando frente al público, los actores denuncian que éste mata, viola derechos, toma y agrede cuerpos, propicia el delito. Buscan romper actitudes con este montaje y se proponen “a ser mejor padre, amante, hijo, pareja, ciudadano y ser humano”. Sin ninguna pretensión de usurpar luchas, estos hombres dan cuenta de la realidad que viven cientos de mujeres en el país, a quienes aún se les niegan sus derechos y siguen siendo violentandas. Al final sacan el pañuelo verde —insignia feminista de apoyo al aborto— y el público los despide con un fuerte aplauso.

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Crédito fotos:

  • José Jorge Carreón
  • José Jorge Carreón
  • Raúl Kigra
  • Raúl Kigra