La gran diversidad familiar

por Katia Rejón | 10 dic, 2019

Jose es una niña de 10 años cuyo pelo lleva recogido con dos chongos y una trenza, peinado que recuerda a una jirafa. Es la protagonista de la puesta en escena Las jirafas viven en África de Nuevo León, dirigida al público infantil y a cargo de Jandro Chapa de la compañía teatral La Casa de la Abuela. La niña está obsesionada con estos animales porque su madre siempre le decía que iba a ser tan grande como una de ellas.

A partir de una tarea de la escuela, Jose y sus amigas, Erika y María Rosa, hablan sobre sus familias: la madre de Jose falleció de cáncer y el padre migró a EE. UU. por lo que ella vive con María Rosa y su abuela Amalia que, según cuentan más adelante, se la robó a los padres que están separados. Erika, por su parte, ni si quiera conoce a su papá. Su mamá no le ha dicho quién es y para la tarea le da una foto del cantante Juan Gabriel. Para el director era importante abordar el tema de la familia desde una perspectiva que desarticula el imaginario común que hay sobre ella. Esto en el contexto de Nuevo León que según él, todavía es un estado conservador que centra la estabilidad de niños y niñas en el hecho de que deban tener la figura de madre y padre presente. La intención del director, sin embargo, no se plantea de manera clara en esta propuesta y durante la primera parte de la obra el espectador navega en la historia sin saber bien hacia dónde se dirige. 

La obra, que forma parte del Programa Nacional de Teatro Escolar, hace uso de chistes, canciones pegajosas y escenas con referentes para cautivar al público joven. Como cuando las tres niñas intentan hacer un video tutorial para Youtube con el objetivo de volverse famosas y poder pagar el viaje a África que tanto desea Jose; así podrá conocer “a su familia, las jirafas” y hacer la tarea. Kika les pide que inventen un personaje. María Rosa se presenta como Mary Rose y Jose interpreta a una cholombiana, una subcultura regia que combina referencias de los cholos, los chicanos de Los Ángeles y aspectos tropicales de Colombia. ¿Qué hubo, parce? saluda Jose con los brazos cruzados y las piernas abiertas; le contesta áspero, man a Mary Rose quien da como consejo de belleza “no bañarse” para tener el cabello bonito.

La escenografía a cargo de Jeany J. Carrizales es un juego infantil de parque que ocupa prácticamente todo el escenario. Tiene resbaladillas, escaleras, puentes, pasamanos y unos tapancos techados en los extremos. Lo que inicialmente parece un escenario atractivo, lamentablemente se desaprovecha. Aunque diferentes espacios de la historia serán en esta estructura, como la tortillería de la abuela, la casa de las amigas, la habitación de María Rosa, la escuela y el salón de clases, muchos elementos del juego pasan a ser meramente decorativos.

Destaca la actuación de las tres actrices, especialmente la de la protagonista interpretada por Aglaé Lingow, que caracterizan muy bien esa ingenuidad y entusiasmo de niñas y niños. Pese a que al inicio las historias se desdibujan, la propuesta se sostiene por el trabajo de las actrices y la intención del director en contar una historia dirigida a los más jóvenes para que reconozcan las diversas constelaciones familiares y que ninguna de ellas es incompleta.

La historia cierra con la moraleja de que la familia es el lugar donde está el respeto y el cariño cuando Jose describe su vida con sus amigas y las personas que tiene cerca pese a que con ninguna comparte lazos familiares. La obra no tiene tensión dramática pues fuera de la intención de conseguir dinero para ir a África no hay algo que mantenga en vilo al espectador. Sin embargo, sí hay momentos donde la intención del director se cumple y los personajes terminan de construirse a partir de sus historias personales. Por ejemplo, cuando la arisca María Rosa se comienza a abrir más con sus amigas nuevas o Kika promete que no habrá más mentiras en su vida después de que se entera que su papá no es Juan Gabriel. Al final, Jose no pudo llegar a África, pero sus amigas le preparan una sorpresa decorando su casa como si ahí estuvieran las jirafas que esperaba ver en su viaje al otro continente. Una lograda alusión a esta especie mamífera, si se sabe que su cohesión social —según explican los expertos— se mantiene con los lazos que forman las crías.

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Crédito fotos:

  • José Jorge Carreón