Una Comedia dell’arte colimense

por Marysol Cordourier | 29 nov, 2019

Se abre el gran telón rojo del Teatro Hidalgo de la ciudad de Colima. Al fondo del escenario unas bóvedas y columnas pintadas dan cuenta que estamos en un palacio. A la izquierda y derecha, acomodadas sillas e instrumentos musicales. Elementos mínimos componen el espacio: un par de cortinas rojas, un candelabro, un baúl y unas botellas de vidrio. Los ocho actores de la compañía colimense ForadoseriO aparecen en el escenario y toman tuba, tambor, pandero, guitarra, sonajas, platillos, flauta de embolo y melódica para dar inicio a la función con música basada en la Tarantela italiana.

Los rábanos de don Pantaleón es un esfuerzo por recuperar la Commedia dell’arte mediante el uso de los elementos tradicionales como las máscaras, música en vivo, baile e interacciones con el público. Escrita y dirigida por Augusto Albanez, que con una trayectoria de más de 32 años dedicados a este lenguaje, propone acercar al público infantil a este arte popular del siglo XVI.

La anécdota es sencilla. Don Pantaleón, un hombre mayor dueño de una fábrica de huaraches, sufre de malestares estomacales que le producen flatulencias explosivas. El Doctore, supuestamente entendido en ciencias, le recomienda beber jugo de rábano para curar su padecimiento. La comedia de enredos surge con Isabela, hija de Pantaleón, quien se quiere casar con el joven Ariosto, pero teme a que su padre se oponga al matrimonio. Los enamorados deciden  huir para estar juntos, con la ayuda de Arlechino, el sirviente de Ariosto, y Fantesca, la sirviente de Isabela. La presencia del primo de Don Pantaleón, el Capitán, hace más grande el caos. Confunde a Ariosto con sus enemigos piratas y se enamora de Fantesca. 

La habilidad musical de los intérpretes es superior a la histriónica. La voz de los actores llega con dificultad a los asistentes y su dicción no ayuda al seguimiento de la anécdota: ya sea por el acento impostado del seseo español de Pulchinela –el fiel ayudante de don Pantaleón– y la voz añejada de éste; los agudos en Isabela y Fantesca, la grandilocuencia vocal del Capitán y excesiva velocidad del habla de Arlechino. Desde el inicio se propone el tono fársico, sin embargo, hay un exceso de chistes fáciles e improvisaciones poco afortunadas. Como el momento en que el Doctore menciona que a quienes roben “hay que mocharles la pinshi mano” en referencia al excandidato a la presidencia Jaime Rodríguez, el Bronco. El sonido de la flauta de embolo que acentúa los momentos cómicos no siempre empata con la acción y se vuelve repetitiva. Por lo mismo se agradecen las partes musicalizadas muy bien ejecutadas, especialmente la tuba por Robel Juárez.

La complicidad con el espectador, parte fundamental de esta forma teatral, se lleva cabo en el momento en que el Doctore persigue a Arlechino con una gigantesca jeringa por la butaquería del teatro. Si bien resulta divertido para el público, es poco ágil y accidentado. La puesta no logra sostenerse a pesar de ser una historia lineal y reconocible. Las actuaciones son desiguales y contrastan con la de Albanez (Arlechino) que sí domina el manejo de la máscara y la corporalidad del personaje. El gag mejor logrado termina siendo el leit motif de los enamorados. La canción de “Loving you” de Minnie Riperton ilustra la cursilería de los personajes. 

La obra termina con una boda doble y un final feliz. Pese a que se logra entretener durante los 50 minutos y destaca el esfuerzo de los integrantes por rescatar esta tradición teatral, se extraña un trabajo más profundo de adaptación e interpretación a un lenguaje contemporáneo, más que solamente revisitar lo que ya conocemos de la Commedia dell’arte.

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Crédito fotos:

  • José Jorge Carreón
  • José Jorge Carreón
  • Raúl Kigra
  • Raúl Kigra