Marco Pétriz: El poeta del Istmo

  • La medalla Xavier Villaurrutia reconoce el trabajo del creador tehuano

Por Mayté Valencia

 

Foto: José Jorge Carreón

Foto: José Jorge Carreón

En la calurosa y húmeda Santo Domingo de Tehuantepec, donde nació la pasión de Marco Pétriz por el fenómeno escénico, la teatralidad se vive a través de los rituales eclesiásticos y la representación de los sacerdotes, los músicos regionales y sus bandas, la indumentaria típica y colorida que aún visten algunos habitantes. La pasión de Pétriz lo ha consagrado como uno de los creadores más destacados de la escena nacional. Sembró la semilla del teatro en una tierra que desconocía este arte en el sentido formal. Creó una compañía independiente estable, abrió un espacio y conquistó un público.

El Istmo de Tehuantepec, que abarca los estados de Oaxaca, Chiapas, Tabasco y Veracruz, es su gran santuario como él mismo lo comenta. Ahí nació un 16 de octubre de 1967 y ahí ha vivido casi de forma ininterrumpida junto con su cómplice y compañera de vida la actriz Gabriela Martínez y su hija Sabina. En sus calles —a las que salió en busca de los espectadores que de otra forma no hubiera conseguido— montó sus primeras puestas en escena. Adaptó textos de Oscar Liera, Víctor Hugo Rascón Banda y Emilio Carballido, entre otros autores mexicanos. Se sostuvo pese a que el público tehuano, que desconocía la convención teatral, advertía: “No les crean. Si su mamá vende aguas”. Para ellos no eran artistas, sino los niños que vieron crecer en el pueblo.

Hoy la historia es diferente. Después de 30 años de insistencia, el teatro es una actividad cotidiana en la vida cultural de Tehuantepec y Marco Pétriz su gran profeta. A sus montajes acuden personas de poblaciones cercanas, aficionados, críticos e investigadores teatrales de toda la República Mexicana. Si bien varias de sus obras han viajado por el territorio nacional e incluso a otros países como Argentina, Estados Unidos o España, Pétriz asegura que es en el Istmo donde su teatro adquiere toda su dimensión de verdad y potencia. Es ahí donde el trabajo actoral —por el que tantos meses ensayan él y sus actores— y el espacio escénico —que puede ser desde una casa a la calle— están vivos. Donde se logra una intimidad en la que el público, a escasos centímetros de los actores, es capaz de percibir las más sutiles expresiones en la construcción de sus personajes.

Tehuantepec es y ha sido la fuente vital de inspiración de Pétriz. De formación autodidacta, conoció el teatro en el sentido formal a los 13 años cuando una maestra de literatura en la secundaria le pidió montar una obra. Su camino lo llevó a talleres en la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), donde formó parte de la Compañía de Teatro Universitario y de la de Jesús, así como del grupo teatral Zipizape cuyo objetivo principal fue llevar puestas en escena a los pueblos rurales y a la sierra del estado, aún a cambio de un plato de frijoles y tortillas. En esa agrupación Pétriz entendió el sentido del teatro comunitario, algo que ha marcado su trayectoria desde entonces: Hacer teatro con gente de la comunidad y para la comunidad.

Con un teatro que el director denomina “del entorno”, Pétriz es también inseparable de su santuario: Santo Domingo Tehuantepec. “Trabajamos a partir de lo que tenemos frente a los ojos y de lo que escuchamos. Tú vas al mercado y ya tienes una puesta en escena. Estás sentado en el parque y escuchas un pleito y comienzas a tener imágenes sobre las que después trabajamos en nuestras obras. Una vez dije: “¿Por qué escribir de lo que me pasa a mí si he escuchado a los vecinos?”.

Pétriz fundó el Grupo Teatral de Tehuantepec (GTT) en 1987 junto con Gabriela y el escenógrafo y vestuarista Sergio Ruiz. Otras personas se han integrado a lo largo de los años como el escenógrafo Jorge Lemus y el encargado del enlace y vinculación Israel Franco. Con esta agrupación, Pétriz ha logrado plasmar las problemáticas del Istmo y aprehender algo que va mucho más allá de lo local y lo folclórico. “Marco Pétriz es un poeta zapoteco que utiliza el teatro para desgarrarse el alma”, comenta el crítico teatral Fernando de Ita. “Cada texto montado en su Casa de Ensayo en Tehuantepec es una expiación de sus culpas que son las de su gente: el alcoholismo, el abuso sexual, la violencia doméstica, los prejuicios sociales, la ignorancia. Su tormento existencial es tan denso como el calor del Istmo y la depuración que hace en sus largos meses de ensayo. Por eso ver sus obras en Tehuantepec es asistir a un rito ancestral en tiempo presente”.

El director y dramaturgo tehuano recibió la Medalla Xavier Villaurrutia durante la inauguración de la 38 Muestra Nacional de Teatro por su contribución a la escena en México y su trayectoria artística, siendo el creador más joven en recibir este galardón. El reconocimiento celebra un teatro potente, auténtico y trabajado en el sentido más puro de la colectividad. Con más de veinte obras teatrales, con títulos como Curandero de Dios, Ayer pasé por Tehuantepec, La llorona, Oscura ventana, En el cuarto del fondo, En la sombra del viento, La casa de enfrente, La familia, Fatalidad, Los instantes de luz y Otro día de fiesta, Pétriz ha logrado construir un patrimonio teatral con una identidad y un estilo inconfundibles que se podrá ver en esta Muestra con la presentación de 60 minutos.

“Si hacer teatro en cualquier lado está de la chingada, en Tehuantepec está peor”, ha expresado Pétriz en entrevista para el sitio Teatromexicano. “No puede explicarse cómo hicieron de aquella idílica Tehuantepec un santuario de visita obligada para cualquier devoto de la religión teatral. Trabajando principalmente en familia y con talento local, estos enamorados [Marco y Gabriela] han puesto sobre la escena una larga lista de memorables montajes, contundentes, cargados de pura violencia istmeña, producto de un rigor ejemplar”, comenta el dramaturgo Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio.

“Una cosa me queda clara: si en cada capital de los estados de la República —ni siquiera pido ya en los municipios— tuviéramos un Marco Pétriz, tendríamos definitivamente uno de los mejores teatros del mundo”, escribió el investigador y docente teatral Rodolfo Obregón para la revista Paso de Gato (2011) tras visitar el santuario del creador zapoteco. “Resiste ahí donde no existe nada más y donde tantos lo han intentado sin éxito”.

 

 

 

Nota:

Tras los terremotos de septiembre del 2017, Tehuantepec quedó severamente dañado y uno de los inmuebles afectados fue precisamente, la Casa de Ensayos del GTT. Para continuar con su labor y arrancar una función más en una tierra que, sin su existencia, nos hubiera dejado sin uno de nuestros mejores teatros nacionales, podemos donar y sumarnos a esta iniciativa: Campaña para reconstruir La Casa de Ensayo.

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