Ritual a la memoria indígena

por Enrique Arroyo | 10 dic, 2019

Percusiones prehispánicas en vivo dan la bienvenida a un espacio escénico en formato de teatro arena, delimitado por pétalos de rosas rojas y cuatro estaciones en forma de cruz que remiten a los puntos cardinales. Desde una de ellas dos actrices vestidas con atuendos típicos mexicanos construyen la atmósfera sonora. Al inicio las tres intérpretes del montaje comparten cada una su xochiyaóyotl, es decir, su batalla florida, a manera de testimonio autobiográfico y como punto de partida a la historia por contar: la de María Amatzontli. Una mujer triqui de abuela ahuehuete (el árbol del tule) que desde el sur de México migra al norte del país para trabajar en la pisca del tomate. Es ahí donde encuentra las vicisitudes de la discriminación y la violencia, circunstancias que acentúan sus recuerdos, miedos y anhelos por volver a casa.

La presencia de Baja California Sur en la Muestra Nacional de Teatro había estado ausente desde hace veinte años y en esta edición su representación corre a cargo de Escénica Colectiva, agrupación que opera desde 2005, con María Amatzontli: cabellera de papel con dramaturgia y dirección a cargo de Calafia Piña, quien además se suma al elenco junto a Perla Salas y Lorena Moreno.

Un cuadro inicial metaforiza el surgimiento de la protagonista, en tanto ser físico y espiritual, que es acompañado por el sonido del caracol y el humo del copal repartido suavemente en el espacio por Salas. A partir de entonces las reminiscencias a la cosmovisión y ritualización prehispánica serán constantes: Amatzontli corporeiza a su nahual venado y gran parte de sus movimientos corporales remiten a él. En todo momento aerófonos y percusiones autóctonas en manos de Moreno y Piña otorgan a la anécdota un místico y acertado universo sonoro, producto de la ingeniería de audio de Rogelio Muñoz.

Una vez llegada a la pisca de tomate —evocado mediante partituras corporales con una cubeta blanca—, María es víctima de los maltratos de su capataz a quien arrodillada le abrocha los zapatos. Él es una presencia masculina que no vemos, del mismo modo que el padre, el padrastro y los jornaleros que la hostigan; acentuando el estorbo que sus violentas conductas han representado a lo largo de su vida. Se evidencia una mirada desde la sororidad por parte de las tres artistas en escena hacia el mundo de la migración.

La extenuante jornada laboral y el caluroso clima del norte del país llevan a Amatzontli a la insolación, cual cabellera de papel que enfrenta su destino. En su delirio escucha hablar a los tomates que la enfrentan con sus miedos, su pobreza y una soledad enmarcada por la pérdida de su madre Margarita, la añoranza de sus hermanos y amistades que ha dejado en su pueblo.

La danza ritual se vuelve a usar esta vez para emular el incendio al sembradío. La poética construida desprende el paliacate que cubre el cabello de la actriz para revelar dos largas trenzas coronadas con listones en verde y rosa. Un poderoso fragmento de estética visual. 

La coherencia entre forma y fondo que presenta María Amatzontli: cabellera de papel da cuenta de un proceso de investigación y creación que sustentan un posicionamiento artístico y político. Su línea temática subraya la sumisión y violencia a la que se somete a las comunidades indígenas, en un esfuerzo por visibilizar la situación en la que viven. Sin embargo, la teatralidad del ritual propuesto se encierra en sí mismo. La audiencia, a pesar de la cercanía con el suceso, queda solo como testigo de una historia donde tiene más peso la tragedia vivida que la gloria del triunfo y la sublimación de la heroína quien es rescatada por su nahual en una batalla contra la liebre, símbolo del miedo por liberarse que debe vencer. 

María Amatzontli: cabellera de papel apuesta por un montaje en el que son posibles dos lecturas complementarias e independientes, por un lado, el movimiento escénico y la musicalización en vivo que realizan Moreno y Piña; por otro, la dramaturgia como tal. Busca una experiencia íntima subrayando el sentido de comunidad en torno al fuego y cuyo énfasis reside en la cosmovisión indígena. De manera que se requiere del espectador adentrarse en el simbolismo de tal universo a fin de tornarse completamente comprensible.

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Crédito fotos:

  • José Jorge Carreón