Mirar desde otro lugar, hacia otro tiempo

por Said Soberanes | 20 nov, 2018

“Toksha ake wacinyanktin ktelo” (Los veré de nuevo), así se despidió Wakan, la mujer búfalo blanco de la tribu Lakota del norte de Estados Unidos, después de entregar a su gente enormes manadas de búfalos que equilibrarían el balance entre la humanidad y la naturaleza. Con base en esta historia, la compañía Banyan de Marionetas presenta Nos volvimos búfalos, obra que utiliza la técnica de títeres de sombra Karagöz, proveniente de Turquía, para relatarnos las vicisitudes que padece la tribu norteamericana Lakota con la invasión del hombre blanco a su territorio. La compañía queretana dirigida por Diego Ugalde, quien también funge como animador, se ha dedicado a hacer una profunda investigación, con la asesoría técnica de títeres de sombra del maestro Gengis Ozek y la anuencia de algunos integrantes de la tribu Lakota.

La acción se escenifica en una pequeña pantalla adornada con cintas de colores, en la que se presentan títeres realizados con piel de camello, lo cual permite colorear las sombras. Los elementos escenográficos y los títeres son de una manufactura admirable en sus detalles. Por el tipo de manipulación de esta técnica, el movimiento del títere sucede en un solo plano y se utiliza la relación del mismo con la fuente de luz para incrementar su tamaño y así poder realizar ciertos acentos dramáticos. La obra prescinde de la palabra y caracteriza a los personajes con gestos guturales y onomatopeyas, utilizando también cantos Lakotas, con el cometido de crear una atmósfera adecuada e insertarnos en una temporalidad fuera de la aceleración cotidiana.

La trama se centra en la niña Wakan, para ver a través de su mirada como el tío Sam expropia sus tierras con ayuda de las fuerzas policiales, permitiendo a la gran serpiente negra, figura que representa el oleoducto Lakota Access, apoderarse del río y con su lengua de dispensador de gasolina envenenar a su pueblo y robar su identidad como tribu. La obra también nos muestra a los muertos coexistir entre los sobrevivientes Lakota, quienes están anulados bajo el embrutecimiento representado por la televisión y el alcohol. La represión contra la resistencia y el abuso de autoridad es ejemplificado en una cruda escena, en la que sólo vemos sombras oscuras de dos policías que rodean a una niña, la mejor amiga de Wakan, para violarla; un hecho que conduce a la infante al suicidio y que vemos representado con su pequeño cadáver colgado de un árbol. Ante este brutal hecho, Wakan huye a lo alto del monte y observa a la distancia el exterminio de búfalos por el gobierno americano para acelerar la desaparición de su tribu, que obtiene su vestimenta y alimento de estos animales. Una escena que induce no sólo su llanto, sino a la aparición de su primera menstruación, lo cual transforma a Wakan de niña a una mujer sabia, que será siempre acompañada por el espíritu de un búfalo blanco. Este cambio de carácter en el personaje principal, donde se convierte de observante a vengadora de las vejaciones que ha sufrido su clan, introduce un ritmo acelerado en las acciones de la trama, que muestra una resolución poco convincente ante la suma de eventos que nos había presentado hasta el momento. Si antes la niña había sido meramente espectadora, ahora como mujer es capaz de actuar confrontando cada uno de los males del pueblo con una fuerza sobrenatural, que si bien puede corresponder a la historia original, aparece dentro de la obra como un elemento fuera de tono, por contraste con el realismo brutal que se nos había presentado.

En general la obra toca una infinidad de temas relevantes que se perciben enunciados con premura, lo cual resulta en una colección de postales reflexivas sobre una variedad de temas que afectan no sólo a la tribu Lakota. Asimismo hay un uso repetitivo de los elementos, como los tonos de voz o movimientos realizados los títeres que nos permiten reconocer al personaje y resultan atractivos en un principio, pero se agotan rápidamente y provocan un estancamiento.

Nos volvimos búfalo es una obra compleja que realiza un ejercicio de descontextualización de una técnica milenaria de títeres, para hablar de las mitologías de una tribu norteamericana que aún se encuentra en resistencia por conservar su identidad originaria. Su cometido es mostrarnos la forma en la que la humanidad ha llegado al desequilibrio natural y moral, apoyando la lucha de los pueblos originarios contra los modos de colonización occidental y en favor de su supervivencia. Un trabajo interesante y loable, que sin duda requiere afinar sus elementos para transmitir su mensaje con mayor claridad y potencia.

 

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Créditos de foto:
José Jorge Carreón

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