Nostalgia, frescura, desgaste y artificio

por Luis Santillán | 20 nov, 2018

Las voces, sonidos, oficios que han dado vida y sabor a las ciudades en el siglo 20 son día a día desplazados por las nuevas tecnologías y el avance de la gentrificación. El frenesí por el éxito, basado en la acumulacion de dinero y poder ha dejado de lado el respeto por la honestidad, la solidaridad y la vocación de servicio.

Ambulante (voces de la calle) es un proyecto escénico de Claudia Anguiano Clos, que nació con el afán de visibilizar personajes y oficios en extinción en Guadalajara, iniciativa congruente con los trabajos documentales anteriores de la directora, como La Fábrica, memorias de la línea, en el que rendía homenaje a la empresa mexicana de zapatos Canadá, ejemplar en su trato con los empelados, en contraste con la pauperización de las relaciones laborales en el marco del neoliberalismo.

Organizada en 19 segmentos, Ambulante es un híbrido de proyecciones, historias compartidas de un auténtico escribano y una verdadera profesora comunitaria; un actor que intepreta a un pajarero, un bolero y un tramposo mago de banqueta; así como un afilador, un chofer de calandria y el luchador conocido como Satánico, presentados a través de videos. La experiencia comienza con imágenes antiguas y contemporáneas de la ciudad de Guadalajara, lo que marca el tono nostálgico que atravesará el registro de los oficios y sus oficiantes.

La profesora comunitaria relata cómo el sismo de 1985 fue decisivo para la integración de una cooperativa de mujeres organizada para reconstruir las casas derribadas y que una vez cumplido ese objetivo la organización se ha mantenido en pos de distintas acciones feministas. Hacia el final, en una protesta contra el creciente número de mujeres desaparecidas, la profesora reparte muñecas artesanales de cartón, a quienes nombra al entregarlas en mano de los espectadores: “Susana importa” “Mónica importa”, mientras se escucha una grabación de “Oficios de mujer”, compuesta por Kenji Kishi. Acompaña esta escena la proyección de imágenes de protesta contra los feminicidos, un llamado que contagia a una parte del público y a otra la deja indiferente.

El escribano en sus intervenciones muestra, con ayuda de trazos con gis en el piso del escenario, la distribución de su puesto en el centro de Guadalajara en el que lo acompañaban otros colegas. Más adelante introduce su máquina de escribir, la que pone sobre una mesa e invita a un espectador a sentarse a su lado para redactar una carta de recomendación. A las sugerencias del voluntario las adereza el escribano con gracia, las complementa y mejora como lo ha venido haciendo con los contratos, cartas de amor, de perdón, de renuncia o felicitación solicitados por numerosos clientes a lo largo de varias décadas. Comparte en sus intervenciones su historia de vida y anécdotas destacadas.

Al final el escribano, la profesora y actor se reúnen a hacer ladrillos con sus manos, en un procedimiento artesanal, como aprendieron las mujeres de Ciudad Guzmán en el terremoto del 85, cuando surgió la cooperativa a la que pertenece la profesora.

En Ambulante, un acierto es la alternancia de proyecciones y exposición en vivo, en una fragmentación de discursos, donde la nostalgia es el hilo conductor que enlaza los relatos con el público. Una debilidad es el anquilosamiento expresivo del escribano y, sobre todo, de la profesora en la repetición de gestos y palabras, en contraste con el actor, que no trabaja con su experiencia sino con su capacidad para asumir y crear personajes y que cuenta con una técnica para mantener con vida sus gestos.

El gozo por brindar un servicio a la comunidad y el dolor ante el desgaste del tiempo producen empatía en esta puesta en escena, en especial en el caso del chofer de la calandria y el afilador, por la frescura de la toma directa, fija en las inflexiones de voz, los gestos, los ritmos. El contraste entre lo que vemos en escena, ya desgastado, y esas imágenes resulta abismal.

Con sus logros y torpezas, Ambulante hace visible el proceso de extinción de un modo de vida en las ciudades, de asumir los oficios, de dar a la existencia un sentido a través de un trabajo benéfico para los demás. Es tiempo de que Anguiano tome decisiones que limpien la propuesta y la lleven a desarrollar su potencial a plenitud.

 

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Créditos de foto:
01. José Jorge Carreón
02. Raúl Kigra
03. Sebastian Kunold

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