Malabares, acrobacias y demasiado ruido de calle

por Carlos López Díaz | 10 dic, 2019

La Fábrica de Innovación Creativa, ubicada en el barrio de El Tívoli en la capital colimense, es un centro cultural construido sobre los terrenos de una subestación eléctrica abandonada. En él se imparten cursos y talleres de arte y cultura, dirigidos principalmente a niños y jóvenes de la comunidad. La zona en la que se encuentra es señalada como peligrosa, en gran medida por la proliferación del narcotráfico y delitos ligados a éste, por lo que la misión del espacio es contribuir a mejorar su entorno.

Una de las áreas de La Fábrica es una cancha de usos múltiples, con porterías de futbol y arcos para básquetbol. Aprovechando su espacio amplio, su ubicación al aire libre y la disposición de fuertes reflectores, se acondicionó como escenario para recibir uno de los espectáculos que formaron parte de la 40 Muestra Nacional de Teatro en Colima. A un costado se acomodaron las sillas que recibieron no solo a los becarios, especialistas y artistas asistentes de la Muestra, sino también a habitantes de la colonia. Poco a poco el espacio del público se fue llenando, incluso hubo quien llegó en avanzada para apartar lugares. El lugar no se dio abasto y tuvieron que sacar más sillas e invitar a algunos niños a que se sentaran en el suelo.

En la cancha se dispuso una escenografía conformada por un camión intervenido con grafiti, un arco para acrobacias, una cama elástica oculta entre piezas de madera, un colchón en el suelo, una precaria casa armada con madera y metal y algunas cajas de cartón al frente simulando una zona muy pobre. Aparecen siete jóvenes colimenses pertenecientes a la compañía Akros, Circo y Artes Escénicas, para presentar Ruta #Aire un espectáculo que se programó bajo el concepto de “Teatro para la comunidad”. Los participantes forman parte de diversos talleres a cargo del francés Cyril Demouy —quien fue responsable de la dirección de este montaje— y provienen de diversas colonias populares de Colima.

Se escuchan sonidos de tráfico intenso, hay gente que vive en tejabanes o debajo de un puente, se ve repartida basura y escombros. La compañía buscó contar pequeñas historias de diferentes personajes en torno a sus cotidianas desgracias. Un niño en situación de calle que no tiene con qué taparse de noche, una niña triste que pasa inadvertida entre la gente, una persona que espera un camión que nunca llega. Todo culmina con la demostración de que el entorno descuidado puede cambiarse con la voluntad propia, el trabajo en equipo y, desde luego, el arte. Pero más que ahondar en contar las historias, el espectáculo fue dividido en varias escenas que estaban diseñadas para mostrar las habilidades circenses de sus ejecutantes. Así, se pudo ver a dos mujeres jóvenes realizar pasos de ballet, otra más que hizo acrobacias en telas, uno más que realizó malabares con pelotas hechas con cinta adhesiva, otro que hizo acrobacias en un monociclo y dos chicos que bailaron break dance, haciendo las transiciones entre las escenas. 

De esa manera Ruta #Aire termina siendo una muestra del trabajo de arte circense de jóvenes amateurs que se realiza en algunas comunidades locales en el marco de un relato lleno de lugares comunes e historias superficiales. De esta manera desaprovechan hablar de una realidad más cercana a la de Colima y a la de los participantes. Por otra parte, un mayor cuidado en la actoralidad y la dramaturgia, hubiera realzado el trabajo de los intérpretes y del montaje en general. 

La gran afluencia de vecinos de La Fábrica es una señal del interés de la comunidad por acudir a eventos artísticos y culturales. La presentación de Ruta #Aire fue el único espectáculo de la programación de la MNT que se realizó en una colonia popular de Colima. Valdría la pena que las obras no solamente salieran más de sus espacios formales y pudieran ser accesibles para diversos públicos, sino también ponerse como meta en una próxima edición que éstas no sean solamente amateur. Un teatro para la comunidad si bien puede surgir de la misma, también se puede alimentar del exterior.

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Crédito fotos:

  • José Jorge Carreón