Una tibia sonrisa a la miseria

por Enrique Arroyo | 27 nov, 2019

Sobre un andamio cinco adolescentes con ropas descuidadas y sucias que dan cuenta de la situación de calle en la que viven, entonan un rap con percusión urbana antes de comenzar a contar la historia del Siete. Un niño de madre adolescente que nació en un camellón y que no deja de mostrar una sonrisa que contrasta con su “maquillaje de miseria, maquillaje de jodido” como dicen en coro su banda de amigos. La agrupación Mascarilla Teatro proveniente de Nayarit llega a la Muestra Nacional de Teatro con esta obra de Saúl Enríquez bajo la dirección de Luis Escárcega en representación de la Muestra Regional de Teatro Centro-Occidente 2019. El dramaturgo también está presente con su texto La luz que causa una bala cuyo desarrollo temático es similar a la de Siete, ya que ambas suceden en entornos marginales y muestran la exposición de los personajes a la pobreza, el abuso y la violencia.

Cinco jóvenes actores dan vida al complejo mundo de personas en situación de calle, la prostitución, la trata de blancas y la explotación infantil. El “pinche Siete”, como lo llaman los otros, es continuamente rechazado por su madre. Los abrazos que ella le corresponde son únicamente para ganar limosnas. De su padre no se sabe nada. Pero el amor del niño hacia ella es inquebrantable y quiere demostrarlo a través de un regalo. Con su banda de amigos busca entrar a una tienda departamental pero lo impide un guardia quien solo permite “que pase el niño de la sonrisa”. Los adolescentes se van mirando uno tras otro hasta la presencia invisible del protagonista quien a partir de entonces tendrá cabida en cada una de sus voces, ya sea en grupo o por pares. Haciendo caso omiso del hombre de seguridad entran a la tienda maravillados con todos los productos. El Siete camina pausado por los estantes en busca del regalo perfecto. Esta anécdota, como todo el montaje, es resuelta con movimientos coreografiados y voces en coro que sin embargo no logran sostener la escena hasta el final.

La escenografía se compone por una rampa, un andamio, una tarima, algunas tejas de metal y trozos de madera –labor de Katy Manzano–, que dan lugar a un bar, un puente, una fábrica y las estructuras callejeras de cualquier ciudad. El movimiento de sus elementos denota disposición y disciplina por parte de sus ejecutantes. Las transiciones entre cada escena –dieciséis en total– realizadas con cantos y sonidos vocales, le dan un marco lúdico al flujo escenográfico, pero se tornan repetitivos.

Una noche la madre del Siete desaparece junto a otras cuatro mujeres. “¿Dónde está mi mamá?” se preguntan los adolescentes al unísono e inician una búsqueda por los suburbios de la ciudad –compuesta por los módulos de la escenografía– para encontrar a “una mujer hermosa sin un diente y una estufa tatuada en la espalda”. En línea con la propuesta temática, el montaje realiza una analogía del trabajo en equipo, la amistad y la colaboración. En escena los personajes son resueltos en un juego de rotación entre el elenco, quienes se intercambian los caracteres y algunos elementos de utilería y vestuario como una peluca y nariz para payaso o una franela roja sobre el hombro para el cantinero. Rotaciones que terminan por desdibujar a las personalidades carentes de un trabajo de profundidad, pues se transita solo de manera superficial en los terrenos de la miseria, el abandono y la desolación que el texto de Enríquez exige.

La dinámica de dar vida al Siete a través de voces corales y en el cuerpo de dos o tres actores en conjunto, es acertada en el caso del protagonista pues el peso que el personaje tiene en el texto cobra fuerza y da cuenta de una intención de revelar el anonimato de las personas que habitan en las fronteras marginales.  Los actores Carlos Seefoo, Génesis Canela, Stephany Rivas, Jonathan Velázquez y Jorge Fernández componen un tucán dibujado en la escenografía —el regalo del Siete para su madre robado de la tienda— y se colocan sobre el andamio cerrando con un canto de esperanza que, sin embargo, se queda solo en la intención de encontrar en el público la empatía y reflexión de la propia miseria.

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Crédito fotos:

  • José Jorge Carreón
  • José Jorge Carreón
  • Raúl Kigra
  • Raúl Kigra