Sonido contención

por Carlos Urani Montiel | 10 nov, 2018

Desde las inmediaciones del metro Auditorio se escuchan las canciones que reclaman ser bailadas. Sonido y luces robóticas guían a los asistentes hacia el estacionamiento del CCB, contiguo a la plaza Ángel Salas, donde tendrá lugar Decibeles urbanos 3.2 o del arrítmico Ícaro de la compañía La URBA Teatro, montaje escrito y dirigido por Armando Luna. La obra se ubica dentro de las Acciones Artísticas Especiales de la 39 MNT y parte de la premisa de recrear un sonidero urbano para utilizarlo como contenedor escénico y, en este caso, narrar el mito de Ícaro con el objetivo de abordar la problemática del suicidio en adolescentes.

Al acercarse a la carpa, un grupo de personas se distingue de entre la concurrencia por su colorido y estrafalario vestuario. Los zapatos altos y el grueso maquillaje los delata como parte del elenco. La tradicional voz del sonidero completa la bienvenida y anticipa lo que será a la vez el motivo del convivio y el inicio de la trama: la coronación de Ícaro, hijo predilecto del líder de barrio, Dédalo, quien aparece caracterizado con un traje blanco con vivos en amarillo, como un pachuco muy a lo Zoot suit, de Luis Valdés. Este momento marca el paso de la fiesta a la ficción, que inicia su curva dramática cuando la policía interrumpe la fiesta porque una “rata” se ha infiltrado. Se trata de Talos, quien resulta ser sobrino del líder, por lo que recibe cierta inmunidad. El barrio lo respalda. Dicha irrupción acentúa el conflicto de sucesión, ya que Talos también competirá por la corona en un concurso de baile en donde el ganador será elegido por su tío. Más allá de las dificultades técnicas con el audio, la cantidad de diálogo excede las convenciones de un espectáculo callejero que sale de los escenarios para apropiarse del espacio público.

La convivencia de Talos con su primo abre otra discusión sobre el aprendizaje del baile: lo innato frente a lo aprendido. Este conflicto, nuclear en la historia y central en la disposición espacial, además de decantarse por las habilidades inherentes al individuo desechando el aprendizaje y la formación, se desarrolla en una tarima de 30 o 40 cm., lo que impide que observemos la supuesta impericia por parte de Ícaro. El intérprete contradice la arritmia del título con su habilidad en la pista. La victoria de Talos suscita un asesinato por el que su primo será incriminado y enviado a la correccional. Tiempo después, cuando alcanza la libertad, intenta reinsertarse en el mundo que dejó atrás, pero la confesión de su padre merma su ánimo, por lo que toma una trágica decisión, resuelta de forma actoral lejos de lo que supone un clímax dramático.

El fenómeno social del sonidero conjuga la apropiación del espacio público, el baile callejero y la industria musical. Estas expresiones masivas tienen su origen en contextos periféricos y suburbanos incorporados a la Ciudad de México. Las fiestas acogen al barrio entero con todas sus escalas, avenencias y tensiones. La atmósfera creada por el equipo de Armando Luna, apoyada en el Sonido Confirmación y Bongo, está bien lograda en un inicio, pues el grueso de los asistentes disfruta y se esparce, pero la expectativa decae. Mientras que los casi 40 actores en escena, entre el reparto y el ballet de las Chicas del Tercer Sexo, permanecen atentos a la trama, en los corredores laterales hay parejas que solo esperan que regrese la música. En este sentido, Decibeles urbanos luce autosuficiente e independiente, ya que parece contar con su propio público, indicativo de que el grupo tendría que pensar otras estrategias para implicar a todos los presentes en el orden de los sucesos presentados.

En cuanto a la referencia mitológica, la resignificación del mito resulta forzada e inoperante. ¿Por qué el drama que sucede en una colonia popular necesita de un subsidio de la alta cultura? Toda vecindad encierra tragedias intestinas. El conflicto construido en torno a una sucesión sanguínea de dirigentes de barrio recupera la preocupación y cuidado de Dédalo por su hijo. No obstante, Decibeles urbanos se distancia de núcleos narrativos del mito (el castigo de Minos, el invento para huir, la emoción de acercarse o emular al astro, el dolor del padre y el cuestionamiento sobre el uso de la tecnología) sin que haya una propuesta o revisión sobre la muerte del Ícaro latino, quien no se suicida, ya que incluso lucha por no caer tras menospreciar las advertencias y consejos de su padre.

La escalofriante cifra mostrada por el grupo al final de la obra proviene de datos estadísticos tomados de diferentes secretarías y organizaciones nacionales e internacionales. Los problemas familiares se perfilan como la causa más destacada de los 16 suicidios juveniles diarios. La conducta de quien atenta contra su vida merece mucha mayor atención y un tratamiento sumamente responsable por parte de cualquier artista. En ese sentido, la propuesta de La URBA Teatro parece necesaria al mismo tiempo que arriesgada. Vital por partida doble porque explora las posibilidades escénicas en espacios abiertos (públicos y no convencionales) en un gran formato y pone en juego las presiones sociales detrás del suicidio en adolescentes. Sin embargo, los elementos que conforman la obra (trama, actuaciones, metáfora teatral griega, recreación del sonidero y reflexión final) se desarrollan de forma aislada, provocando un desconcierto de componentes que adolecen de cohesión. Al final, el público que ha decidido permanecer sólo aplaude por las intenciones contenidas.

 

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Créditos de foto:
1. Sebastian Kunold
2. Raúl Kigra
3. José Jorge Carreón

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