Tejer redes detrás de la escena 

  • Sexto Encuentro de Programadores y Gestores Nacionales e Internacionales en la MNT. 

Araceli Álvarez Ugalde y Mayté Valencia

 

El juego de la silla. Foto: José Jorge Carreón

El juego de la silla. Foto: José Jorge Carreón

El papel de los programadores, gestores culturales y directores de festivales nacionales e internacionales se traduce en movilidad de proyectos, retroalimentación para los creadores, intercambio de experiencias y fortalecimiento del quehacer teatral del país. Por ello desde hace seis años han tenido un lugar esencial dentro de la Muestra Nacional de Teatro. En esta ocasión, el 6to Encuentro de Programadores fue conformado por expertos de Argentina, Alemania, Ecuador, España, Perú, Uruguay y de distintos estados de la República Aparte de ver las obras de la Muestra, a través de un modelo de mesa de negocios, los creadores pudieron acercarse a ellos para ofrecerles sus espectáculos. Para la directora del Centro de las Artes de San Luis Potosí, Laura Elena González, los programadores “aseguran la movilidad, la circulación de las obras en diferentes espacios, dentro y fuera del país con los programadores internacionales”.

 

Los criterios de selección puede ser múltiples. Para Ángel Ancona, Coordinador del Sistema de Teatros de Ciudad de México, los elementos en los que se fija un programador varían según los espacios y las necesidades de estos. Sin embargo, resalta puntos como perfiles artísticos, contemporaneidad, propuesta, el lenguaje de la propuesta y costos. “Cuántos viajan saber cuántos se presentan, cuánto cuesta su función, qué modelo de coproducción podrían tomar, cuál es la dificultad técnica del montaje para hacerlo viable”. Por ello recomienda a los creadores ser concretos en las propuestas que presentan. “Se necesita una cuartilla con la sinopsis muy concreta, una imagen, un link de video y toda la parte de condiciones generales, económicas, técnicas, logísticas, etcétera. Plantear un tema que sea atractivo desde todos los puntos de vista, logísticos y económicos.”

El presupuesto es un elemento a tomar en cuenta para los programadores. No determina su decisión pero sí hace una diferencia para aquellos quienes pertenecen a instituciones gubernamentales y tienen más libertad de elegir proyectos, a diferencia de quienes son parte de espacios independientes y sobreviven a partir de diferentes gestiones y con un presupuesto más reducido. Patricia Estrada, directora del Foro Teatral Área 51 de Xalapa, Veracruz, considera que hay otras formas de colaboración que ellos pueden aportar. En su caso, al ser al mismo tiempo actriz, productora y directora, ha experimentado distintas dificultades al cumplir requisitos en solicitudes de becas. Desde su espacio ofrece a los grupos ayuda en cuestiones básicas, desde el otorgamiento de cartas de colaboración hasta la completa disponibilidad del foro. “Yo me pongo de su lado. Como creadores queremos darle movilidad a nuestros proyectos, todo el tiempo estamos buscando convocatorias para poder hacer giras y dar temporadas en otros lugares y de pronto no tenemos en dónde hacerlos”.

Desde Tijuana, Baja California, el Director Artístico del Centro Cultural Alborada, Ray Garduño, ha participado en cinco de los seis encuentros de programadores y advierte que con el paso de los años regresan aquellos programadores que realmente van a darle movilidad a los trabajos. Sin embargo, considera que hay cosas por mejorar. “Hace falta una mesa donde podamos hablarle a los creadores porque no tenemos ese diálogo con ellos”. En su opinión esto facilitaría el trabajo de todos porque los creadores sabrían con exactitud a quién dirigirse para presentarle su proyecto y ellos recibirían propuestas más concretas.

Un objetivo primordial del encuentro es generar lazos e intercambios internacionales para que las obras mexicanas viajen por festivales y espacios de otras latitudes, así como que la mirada extranjera sea otro punto de retroalimentación. Para Federico Irazábal, director Artístico del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), es fundamental este encuentro ya que “te permite conocer en muy poco tiempo un panorama más amplio de una escena nacional y acercarte a artistas que, de otro modo, sería muy difícil porque tendrías que ir de ciudad en ciudad y a cada uno de los estados”. Coincide Percy Encinas, fundador del Festival UCSUR de Teatro Internacional y actual director del Festival Internacional de Saberes Escénicos (FISABES) de Lima, Perú. Para él, además de la internacionalización de los grupos, existe la oportunidad de crear redes iberoamericanas. “En cada uno de los momentos que compartimos en la Muestra surgen infinidad de posibles proyectos. No solo de llevar una obra, sino de contactar obras y grupos con artistas peruanos en quienes vi perspectivas estéticas y búsquedas afines, o de concretar intercambios editoriales y académicos”. Asimismo, el investigador y crítico ve en el encuentro otra virtud. “Me voy con la consolidación de un aprecio por la vastedad del trabajo en el teatro mexicano. Hay obras de todo tipo: clásicas, performativas, interdisciplinarias. Esa variedad habla de la complejidad de su propia sociedad. No puedo volver a mencionar el teatro mexicano sin que se me salgan las palabras de admiración”.

Una de las preguntas de la comunidad teatral nacional, es cuántas obras se llevan realmente los programadores y si vale la pena la inversión de invitarlos. Al respecto, Irazábal comenta que siempre existe un riesgo y que esto sucede en todos los festivales. “La inversión tiene que ser muy consciente desde el punto de vista de las tres partes involucradas: la organización, los programadores mismos y los artistas. Si tienes un festival donde no hay teatro infantil, no tiene sentido que te presenten un espectáculo para menores. Es una inversión anímica innecesaria porque sencillamente no tienes dónde programarlo”. Para el también director de Festivales del Ministerio de Cultura de la ciudad de Buenos Aíres no tiene sentido que el artista tenga 15 citas por día, si éstas no darán frutos. “Si los organizadores les dieran con tiempo a los creadores la lista de los programadores, ellos podrían investigar sobre su línea estética y curatorial, sobre si representa a determinado organismo y cuál es la búsqueda de esa institución. De manera que pueden hacer un trabajo más selectivo que dará mejores resultados para todos”. Asimismo, para Irázabal la incidencia de su trabajo es a largo plazo. “En mi caso irme con una obra comprada para mí es un éxito. Descubrí un montón de artistas a quienes quiero seguir. Artistas que en estos momentos son muy jóvenes, pero estoy seguro que más adelante llegarán a un mejor puerto y estarán listos para la internacionalización. Está muy bien que ya estemos en contacto y podamos hacer ese seguimiento”.

Williams Martínez, productor general del Festival de Artes Escénicas de Uruguay (FIDAE), explica que la internacionalización es un proceso complejo y que muchas veces no es posible ver los resultados al año siguiente. “La inmediatez en nuestras instituciones y en el arte no existe”. El gestor cultural considera importante conocer las inquietudes del teatro mexicano porque el público uruguayo siempre espera ver algo mexicano. “En el festival es una obligación tener presencia de teatro de este país, tiene un peso fundamental. Hemos tenido una gran relación desde las artes escénicas con México. Somos países que tenemos un vínculo cultural, social y hasta emocional. Los creadores uruguayos siempre fueron bien acogidos aquí en los peores momentos de nuestra historia y este encuentro ayuda a mantener y estrechar esta relación”. Como productor, Williams no sustenta sus decisiones a partir de los costos y el presupuesto de un montaje. “Lo fundamental es la calidad. Es preferible llevar una sola obra muy buena que cuatro regulares. Desde nuestra lógica, menos es más. Buscamos tener propuestas de calidad de distintos países y de distintas estéticas”.

Los programadores internacionales coinciden en la diversidad y complejidad de las poéticas escénicas mexicanas donde hay una saludable búsqueda de puestas en escena que no sean esclavas de la fábula aristotélica y un grado de contemporaneidad muy interesante. “Lo que más me sorprendió fue el trabajo de búsqueda de formatos teatrales”, comenta Federico Irázabal. “Me encontré con una gran diversidad donde la propuesta no consistía meramente en una obra, sino en algún tipo de aditivo que la acompañaba. Alguna instalación fuera del espacio escénico o recorrido entre un ámbito y otro. Eso le da una contemporaneidad al teatro mexicano que no veo en otros países de América Latina de forma tan desarrollada. Sí diría desde un punto de vista crítico -y para no ser tan elogioso- que noto un enorme desarrollo en las poéticas de dirección que no están tan acompañadas de las poéticas de actuación. Tengo la sensación de que la dirección está en un nivel muy atractivo que la actuación no acompaña.” Por su parte Williams refiere que, como todo Latinoamérica, México vive una situación muy compleja desde muchos lugares y que eso se refleja en la escena. Para él hay una escena viva y pujante. “Se ven grados rupturistas interesantes. Grupos que empiezan a trabajar desde otros lugares, con otros dispositivos”. Para él, considerando que México es un país complejo culturalmente donde es muy difícil hablar de una escena, “una de las riquezas de la Muestra es que nos permite ver la diversidad de propuestas, de lo que pasa en distintas zonas y sus realidades que se vierten en multiplicidad de formatos.”