Títeres y leyendas

por Araceli Álvarez Ugalde | 22 nov, 2018

En Uxmal hay una profecía: cuando suene el cascabel de oro terminará el periodo del rey y aquel que lo haya hecho retumbar será el nuevo soberano. Es lo que dicen los ancianos, es lo que está escrito, aunque el rey trate de evitar su destino cortándole la cabeza a sus adversarios.

La compañía Titeradas de Yucatán cuenta esta leyenda maya con el título de El rey enano, una adaptación a la versión que presentaron en 1982 con la dramaturgia del fundador de la compañía Wilberth Herrera, quien falleció en 2011. Para esta nueva versión utilizan distintas disciplinas como la música de cámara en vivo, la danza contemporánea y el teatro de sombras, además de técnicas de manipulación y títeres de vara, marionetas e híbridos.

Para iniciar el relato se proyecta un video de libélulas al mismo tiempo que ocurre una pieza de danza contemporánea interpretada por una de las integrantes de la compañía. La buena ejecución de música de cámara y sonidos prehispánicos que acompañan la historia y marcan las transiciones entre las escenas, resultan un elemento esencial para la creación de una atmósfera mítica. Este comienzo anuncia que habrá una mezcla interesante de elementos para el espectador tanto infantil como adulto.

Después de este prólogo, el escenario se oscurece y aparece el títere de una anciana de rebozo y blusa bordada espulgando frijoles en su vieja olla de metal. Cuenta que cuando era niña su abuelita la ponía a limpiarlos y recuerda cómo le habló de los cocoyoles, frutos de la península, duros como el coco, que están relacionados con la leyenda del rey de Uxmal. Ante la mención de la historia en la que se centra el espectáculo, uno de los músicos toca un caracol hacia los cuatro puntos cardinales en señal de pedir permiso a los dioses y honrarlos. Aparecen los títeres del rey, el brujo y el esclavo. Sus manipuladores están detrás de los títeres, pues esta parte está basada en la técnica del Bunraku, género teatral de Japón que pone a los manipuladores a la vista del público. Tradición que además hace una división clara entre los elementos visuales y sonoros, por lo que quienes manipulan los títeres no son quienes les dan voz y es por ello que para esta puesta en escena escuchamos los diálogos a través de una grabación.

Creados con sumo cuidado, los títeres remiten a los antiguos mayas con sus taparabos, sus huaraches, sus joyas; sus penachos en el caso del rey y con sus lanzas, en el de los esclavos. “Traigan aquí a quien ha osado poner en duda mi reinado”, dice el rey dispuesto a cortar la cabeza de todos los que repitan la profecía. Luego aparece la casa de una vieja bruja que se lamenta por no poder tener hijos, pero un murciélago, símbolo de la noche y la fertilidad, le dirá que recoja del monte de Kabah un huevo abandonado por una tortuga, que lo cuide y después de nueve días saldrá un niño. El esmero en los pormenores se aprecia también en estos personajes: ella porta un vestido de manta y bordados, collares, aretes y un hermoso pelo cano, mientras que el animal despliega sus alas y sus ojos rojos resaltan de su cuerpo gris. La bruja va por el huevo, todo se oscurece y sólo se puede apreciar el cascarón resplandeciente, luminoso. La luz cenital enfatiza el momento clave: el nacimiento del próximo rey. Aparece no un niño sino un hombre más pequeño que los demás, por lo que no se acentúa el elemento que le da el título a la obra, pues no queda claro si se trata de un niño o de un adulto enano. Sin embargo, la leyenda continúa y nos dice que “al crecer” la bruja le advierte a su hijo que nunca toque el fogón pues es peligroso, pero éste se acerca y encuentra sobre el fuego el mítico cascabel que puede destronar al actual rey de Uxmal. Al tocarlo, su sonido se extiende por todo el territorio y el rey llega presuroso a enfrentar a quien lo ha retado. Con la ayuda del murciélago y de la bruja, el niño-enano logra engañar al rey para vencerlo en el reto de romperse 100 coyoles en la cabeza. El clímax de la historia es contado a través de teatro de sombras, en donde se proyecta al enano recibiendo el golpe de los frutos sin problema. Ante este evento, el rey suplica piedad, pero muere al contacto con el cocoyol, lo cual indica que Uxmal tiene ahora nuevo rey.

El rey enano es una propuesta atractiva que cautiva por la variedad de sus elementos en escena, aunque habría que afinar la integración de las distintas disciplinas, dada la expectativa que crean, puesto que el conjunto de elementos no encuentra una integridad total. Ejemplos como la danza contemporánea del inicio no aportan nada a la trama, ya que no termina de integrarse al resto de la propuesta escénica. También habría que valorar el aporte de los diálogos pregrabados, pues al marcar el ritmo de toda la función puede desconcentrar al público por lo distante de la grabación, que además impone una distancia si se presenta en espacios cerrados, como fue el caso de la función presentada en el Teatro Xavier Villaurrutia del CCB. El trabajo de dramaturgia en cuanto a construcción de personajes y unión de escenas se limita a presentar los puntos básicos de la leyenda, lo cual produce vacíos y momentos que no terminan de cerrar, como es el caso del personaje de la anciana que inicia con el relato y no vuelve a aparecer, o la indefinición del personaje principal como niño o adulto enano.

Desde 1972 el grupo Titeradas ha representado historias en el Teatro Pedrito en Yucatán, exclusivo para títeres. Fue creado por Wilbert Herrera y ahora su legado está en manos de su hija Andrea Herrera, quien se ha dedicado a revalorar la obra de su padre. Integran el reparto Cristina Cardeña, Miguel Flota, Anaii Cisneros, Guillermo Rivera, Verónica Castillo, Andrea Herrera y Ángel Aguilar, así como Jimena Herrera Cardeña en el violín, Andrea Herrera Cardeña en la flauta, Ricardo Huchim en la viola, Mario Tello en el cello y Gilberto Caamal en la percusión prehispánica.

 

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Créditos de foto:
01. José Jorge Carreón
02. Raúl Kigra
03. Sebastian Kunold

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