Trans [pieza documental sobre la identidad de género]

Por Said Soberanes

Cuando se escucha el título: Trans”[pieza documental sobre la identidad de género], del grupo TransLímite [alternativa-escénica], surge el temor de una acrítica apología de toda práctica transgénero y un ataque a la heteronormatividad y al feminismo radical transexclusionista (TERF por sus siglas en inglés): No es el caso.

A partir de la dramaturgia de Bruno Ruíz, que renuncia a la organización textual de acciones dramáticas para configurar la encarnación de un argumento, la obra se vuelve un espacio de reflexión activa y colectiva: ¿Qué significa tener un cuerpo? ¿Aceptar este cuerpo dado es identificarse con él? ¿Qué implica que ese cuerpo esté sexuado y más importante aún que este sexo se pueda transformar?

Desde estas dudas, Victor Padilla, encargado del dispositivo escénico, propone una camilla metálica y un par de luces cenitales movibles para recordar una sala de operaciones y una mesa de disección forense, espacios donde se experimenta la transexualidad y que serán abordados en la obra: El exhibicionismo mediático de Caitlyn Jenner, dispuesta a gastar millones de dólares para encarnar un ideal femenino por medio de la intervención quirúrgica, que en ella se toma como un acto de valentía laureable; y una anónima mujer trans encontrada en la sierra de Chihuahua envuelta en una bandera mexicana y con botas de trabajo masculino —del que sí hacen los vatos—, que se condena al olvido en la morgue.

La obra no ofrece conclusiones definitivas, nos da pautas para pensar las condiciones socioeconómicas que diferencian el tipo de exclusión de diversas formas de transexualidad. Por medio de la proyección de contenidos documentales, a cargo de Isabel Campaña, se encuadra el contexto que las engloba y en el que se evidencia la invisibilidad de los hombres trans y el mapa global de los transfeminicidios donde México se encuentra en un alarmante foco rojo.

Una mujer con “ropa de hombre”, interpretada por Cecilia Ramírez Romo y otra que por medio de vendas trata de esconder sus senos (práctica común de los hombres trans), interpretada por Myrna Moguel, experimentan con el principio de identidad por medio de cajas de cartón: “Si mi identidad está en una caja y en la otra está la otredad, ¿qué sexo le dimos a nuestra caja? ¿Qué pasa si vemos la identidad como una caja de cartón? ¿Qué pasa si mojamos esa caja?”.

Con brillantez y contundencia, las actrices nos acompañan por estas reflexiones y exponen el tema medular de la puesta: antes de discutir las acciones de un cuerpo, hay que lograr que ese cuerpo importe, que ese cuerpo sea, sólo entonces podremos discutir sus acciones.

Los puntos más frágiles de este trabajo son la exposición de la teoría de Paul B. Preciado, antes Beatriz Preciado, sobre la relación entre sexo y género, que desprecia lo orgánico y se ensimisma en la voluntad (cosa que no termina de cuadrar con el tono de descentralización identitaria y de énfasis en el cuerpo que tiene la obra); y por otro lado, al cúmulo de reflexiones teóricas expuestas que hacen al conjunto difícil de seguir, no le beneficia el sobrecargado tono melodramático que envuelve a la obra. Por otra parte, la música, a cargo de la chelista Monique López, resulta un acompañamiento inocuo.

Luis Rodríguez, director de esta puesta, enriquece las frases proyectadas sobre el fondo del teatro desnudo, mediante la composición de una imaginería mítica de la dualidad y del interregno genérico valiéndose de los cuerpos de las actrices. Las imágenes referencian al Narciso que se ama a sí mismo (y que al mirarse moja la caja de cartón); la pietá, donde el cuidado de una madre acoge al hijo que ha fallado en su encuentro con la realidad (mientras que la madre de Javier, con disforia de género, nos cuenta en una proyección documental su entrega inequívoca a su hijo); el andrógino platónico o Agni, el dios védico del fuego, que reconoce la indeterminación primigenia de la realidad que se volverá dual (en plena discusión sobre la artificialidad del binarismo genérico).

El acto de velar y darle simbólicamente no uno sino todos nuestros nombres a la trans asesinada en Chihuahua (2015) clarifica que el reconocimiento del cuerpo-otro no es sobre un cuerpo abstracto, sino en ese, el despojado, el arrojado, sin revictimizar, pero visibilizando.

Las preguntas que abre esta propuesta, que no quiere responder sino arraigar en nuestra singularidad, nos remiten a la línea curatorial que le enmarca en la 38 MNT, Cuerpo e identidad, que valdría la pena dilucidar en su cruce con las demás propuestas temáticas que participan en la muestra.