Un mundo donde quepan todos los mundos

por Edwin Sarabia | 14 nov, 2018

Si las guerras por el petróleo fueron cruentas a lo largo del siglo 20, en el siglo 21 las confrontaciones por el agua se perfilan aún peores. El cambio climático y el crecimiento poblacional potencian la escases del recurso. En este contexto avanza el intento por privatizar la distribucion del vital líquido, en el afán de poderes locales y grandes trasnacionales por monopolizarlo.

La compañía Silencio Teatro, fundada en 2003, con presencia en Veracruz, Michoacán y Sonora se presenta en la 39 MNT con la puesta en escena 52 pulgadas, documental de una guerra por el agua, escrita y dirigida por Ramsés Figueroa con la actuación de Melissa Mar Arellano. La obra expone la batalla del pueblo yaqui contra el despojo de su principal fuente de agua por la construcción del acueducto Independencia.

El proyecto parte de una investigación exhaustiva, de enfoque etnográfico, apoyada especialmente en fuentes periodísticas. Lo que se pretende contar es el posicionamiento político ante estos hechos y la complejidad del fenómeno donde confluyen lo ambiental, sociocultural y económico.

Melissa Mar Arellano representa en esta obra a Ana, una activista del pueblo yaqui caracterizada con trenzas y rebozo. Detrás de ella hay una gran pantalla donde se proyectan clips de noticias locales, en los que vemos al ex gobernador Guillermo Padrés anunciar triunfante la construcción del impugnado acueducto; imágenes panorámicas de la monumental obra hidráulica; manifestaciones de los yaquis y de la clase media sonorense en protesta por el despojo del agua. A eso se suman datos duros y mapas, un conjunto de información que ayuda a contextualizar la problemática, pero que tejido a la narrativa en voz de la actriz complica por momentos la fluidez. Los datos colisionan de forma vertiginosa con riesgo de confundir al espectador.

Dispuestas en la escena hay cubetas que se van reconfigurando en diversas posibilidades. Como símbolo de la carestía de agua resultan en principio un recurso potente, que muy pronto queda desaprovechado. Son pocas las figuras metafóricas que se construyen con estos elementos y cuando ocurre, con frecuencia resultan tautológicas. Un misterio es el foco solitario que la actriz enciende y apaga en momentos en que no queda claro su sentido.

La protagonista nos irá contando el desarrollo del conflicto desde 2010. Las peripecias e injusticias del gobierno sonorense que intenta imponer sus intereses, en contraste con los ancestrales procesos de resistencia que los yaquis han llevado a cabo para impedir el despojo territorial de sus comunidades. La falta de agua que ya padecen provoca migraciones. Mientras la protagonista comunica datos duros y narra las luchas de los yaquis, nos hará cómplices de su relación amorosa con el vocero de la tribu yaqui, miembro activo de la lucha, relación que se pone a prueba en la resistencia y logra sobrevivir. Urdimbre que se teje entre lo público y lo privado, que devela que también el amor es una relación política.

Se requiere de mucha concentración para estar sesenta minutos presentando datos, cifras en el entramado de una relación amorosa. En este transcurso, si bien la actriz logra mantener el interés, el tono de voz se percibe gritado, con carencia en el manejo de los matices y dificultad en sus trayectorias en el espacio. El conjunto de recursos parecen estar ahí más por la urgencia de decir que como resultado de una poética ponderada. Las proyecciones, las cubetas, el salto de los datos duros al relato de la relación del personaje único en escena con el activista en resistencia, a quien encarcelan, fluyen al azar, sin que se pueda decir que hay una razonada dirección de escena.

Con sus aciertos y fallas el montaje nos regala un soplo de esperanza ante el sistemático despojo de nuestros recursos naturales, proceso en el que son los pueblos originarios los más agredidos y vulnerables. La imposición de un modelo de desarrollo unilateral, basado en criterios meramente comerciales, atenta contra el derecho a la libre determinación y autonomía de las comunidades indígenas a lo largo de la geografía nacional. Presentar un testimonio de resistencia colectiva es pertinente, como es oportuno también recordar que en un mundo dominado por la sed de éxito, de acumulación de dinero y de poder, el amor puede ser el más revolucionario de los antídotos. En 52 pulgadas, documental de una guerra por el agua, el amor juega un papel relevante para mantenerse contra la adversidad. Se gesta en el mutuo reconocimiento de la rebeldía y en la necesidad de imaginar un mundo donde quepan muchos mundos, como dirían los zapatistas.

 

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Créditos de foto:
1. Sebastian Kunold
2. Raúl Kigra
3. José Jorge Carreón

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