Una trans prieta, jodida, disléxica y muy cabaretera

  • Entrevista con César Enríquez, creador del espectáculo unipersonal La Prietty Guoman.

Por Juan Carlos Araujo

WhatsApp Image 2017-12-02 at 10.50.05 AMAtaviada con el look de prostituta con el que Julia Roberts conoce a Richard Gere en la icónica película de inicios de los noventa, la Prietty quiere desayunar. Para su desgracia y enojo, el ignorante y enclosetado mocoso que atiende el puesto de quesadillas la malmira e insulta llamándola “señor”. La provocadora transexual no sólo lo calla haciendo un pedido inmenso de comida que probablemente la deje sin un peso para el resto de la quincena, también demuestra con orgullo que ella no agacha la cara por nadie. Jamás se avergonzará de su identidad.

Entre rosas mexicanos y amarillos canario que predominaban en la decoración de su casa, muñecas de trapo de sus más icónicos personajes sentadas en el sofá y grandes calaveras de día de muertos en los estantes de libros, pero sobre todo muchas plantas y flores que llenaban tanto el jardín como la estancia, tuve la oportunidad de desayunar con César Enríquez (35 años), el creador del espectáculo unipersonal La Prietty Guoman. Con una taza de café veracruzano y pan dulce comprado esa misma mañana en una panadería local de San Pedro de los Pinos en la Ciudad de México, el egresado del Foro Teatral de Ludwik Margules y tres veces becario del FONCA por sus obras Disertaciones de la ChingadaEunucos, castratis y cobardis y la próxima a estrenarse Por jodidos y hocicones mataron a los actores platica con una franca sonrisa sobre el proceso de creación de la obra seleccionada para la clausura de la 38 Muestra Nacional de Teatro.

“A mediados del 2016 me ofrecieron participar en el Festival Internacional de Cabaret. Necesitaba crear una nueva propuesta. En ese entonces, me invitaron a un evento de alfombra roja como uno de los principales intérpretes de El Rey León. A la hora de entrar, personal de seguridad me cierra el paso diciendo que aquí sólo pueden entrar actores. Soy moreno, tengo un tipo indígena y no correspondo al estereotipo de un actor famoso, deben haber pensado que soy un señor de intendencia. Esto detonó una necesidad de hablar a partir de este suceso.

“Por esas mismas épocas estaba leyendo el libro Esclavas del poder de Lydia Cacho que aborda la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo. Simultáneamente, me enteré sobre una mujer que vivía en Sudamérica con su padrote, pero que era feliz porque estaba segura de que un día iba a llegar su “Richard Gere”. A partir de todo lo anterior empecé a escribir la historia de un personaje discriminado y jodido por sus preferencias, pero que de alguna manera siempre sale adelante con la frente en alto.”

Sin embargo, eventos sucedidos en junio de 2016 detonaron un cambio radical en la dirección que llevaba la obra. El homosexual que se vestía de mujer cambió a una chica transexual que desde siempre supo que nunca entraría al patrón que la sociedad considera normal.

“El año pasado asesinaron a unas chicas transexuales en Veracruz, tema que no se ahondó en las noticias. A los tres días sucede la matanza en el bar Pulse en Orlando donde perdieron la vida varios homosexuales en un crimen de odio. De repente todo mundo es Orlando. Pero yo decía: ¿Por qué un gay de Estados Unidos importa más que una chica transexual de un país de tercer mundo? ¿Por qué me duele que maten al de Orlando y no me duele una transexual tirada en un canal de Veracruz?

“Empecé a tener relación con chicas trans y conviví con su mundo. Me di cuenta de que está muy jodido. Si yo me siento discriminado, ellas están mucho peor. Tenía que hablar de esto. ¿Qué haría si en este momento fuera esta chica trans y tuviera que luchar contra la sociedad mexicana? De ahí salió la Prietty, que para mí es como una fiesta de pueblo. Con funeral, pero fiesta al fin.”

Esa fiesta de la que habla César Enríquez es la que conforma La Prietty Guoman que se estrenó en el Teatro Bar el Vicio en agosto 2016. Incluye números musicales con canciones reinventadas de Madonna, Beyoncé y Whitney Houston, elementos de clown y malabarismo. Es una implacable crítica a la doble moral de una sociedad donde las etiquetas parecieran ser más importantes que la persona misma.

“Parte de lo que quiero alcanzar con este trabajo es darle voz a quienes se la han quitado. Hoy admiro a todos los grupos minoritarios y vulnerables. A los indígenas, a las minorías LGBTTTIQ, a los y las chicas y chicos trans, a las feministas. Admiro el empuje y el valor que están teniendo ante una sociedad tan inquisidora como la mexicana.

“Qué quiero decir, de qué quiero hablar, qué me duele son las preguntas más importantes a la hora de hacer mis espectáculos. El escenario es para ladrar, para gritar, sacar los demonios. Aun cuando la gente me ve haciendo comedia, si no me duele lo que estoy diciendo no tengo nada que hacer ahí.”

“Cuando termino el espectáculo y sé que logré sacudir a uno de los espectadores me siento feliz. Sé que la Prietty está viva. Cuando van chicas trans y al final me abrazan y me dicen que por primera vez hay un espectáculo sobre una chica transexual que las dignifica, eso me paga todo. Incluyendo los dolores de rodilla y de pies por andar en tacones del 18 en escena.”

El cabaret tiene un lugar privilegiado dentro de la 38 Muestra Nacional de Teatro. Tito Vasconcelos, una de las voces más importantes en la historia del cabaret en México, fue el receptor de la medalla Xavier Villaurrutia en homenaje a sus 50 años de trayectoria. Por su parte, La Prietty Guoman es la puesta en escena encargada de clausurar. También forma parte de un encuentro de reflexión e intercambio sobre Imagen, identidad y género en la escena disidente junto a las obras invitadas Trans, Los delirantes y Fancy Lupe.

“El cabaret es un género teatral que nos pertenece. Estoy feliz de haber sido seleccionado. Más allá del gusto que me da, me parece necesario. En México tenemos un teatro de carpa maravilloso que —aun cuando se le ninguneó por tanto tiempo y se trató de esconder— hoy convive a la par con la dramaturgia contemporánea. En cuanto a identidad, este año la curaduría me pareció precisa y pertinente. La dirección artística está escuchando no sólo al gremio actoral sino también a la sociedad. Muchos de los proyectos elegidos hablan de lo que se está viviendo en este momento. Hay una inclusión al cabaret, al arrabal, al género. No es por una cuestión de moda sino de equidad, derechos humanos y empoderamiento de las minorías.”

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